21/11/15

Guerra y silencio

Hobbes se refirió a la guerra como el estado natural del ser humano, con anterioridad a la organización social. Sin leyes que regulasen nuestro comportamiento, nadie pondría freno a las pasiones, que no podrían ser juzgadas como buenas o malas, pues no estarían sujetas a ninguna consideración moral. El más fuerte acaba imponiendo su dominio sobre los demás, mediante el uso de la fuerza. Esta condición de naturaleza continúa reproduciéndose en la actitud de muchos niños a los que no han enseñado donde están los límites, y también en la de los gobiernos de EEUU, Rusia, Europa, Arabia Saudí y otros, al ejercer un solapado terrorismo de Estado, enviando tropas de forma activa, o indirectamente, a través de la venta de armas a regímenes dictatoriales y a grupos relacionados con extremistas radicales.
A casi nadie se le escapa que el intervencionismo de las grandes potencias responde a una compleja lucha de intereses económicos y de posicionamiento geoestratégico. De ahí surgen oscuras financiaciones, adiestramientos y suministros que no figuran en los presupuestos, pero engrasan la maquinaria bélica, una industria que reporta grandes beneficios, mientras la propaganda oficial inventa excusas con las que rellenar historias de inevitables daños colaterales.
Lo que nos está explotando en las narices se llama amenaza global asimétrica, porque consiste en algo tan sencillo como conseguir una metralleta kalashnikov, o un cinturón armado de bombas y llevarse por delante a cientos de potenciales enemigos de un determinado pueblo, de su causa y de su dios. En el momento de preguntarnos por los motivos de la barbarie, habría que comprender que los primeros afectados por el horror son los musulmanes, que acostumbran a morirse lejos -en Irak, Afganistán o Siria- y los miles de refugiados crónicos condenados a subsistir en gigantescos campamentos patrocinados por -qué casualidad- los mismos países que alimentan a los perros de la guerra, para luego hablar de solidaridad ante la conmovida opinión pública.
Esta mañana, cuando paseaba distraído por un centro comercial, me encontré con un grupo de personas guardando un minuto de silencio. De repente, todo enmudeció dando paso a un emocionante acto de reflexión colectiva. Me sorprendió lo que dan de sí sesenta segundos en paz. Tras la pausa, volvió el ruido, los consumidores regresaron a sus puestos y la rueda siguió girando.
Nuestro modo de vida ha desarrollado una gran tolerancia al sufrimiento ajeno, pero cuando descubrimos sangre parecida a la propia, goteando sobre nuestro cristal de seguridad, entramos en pánico. Entonces, sólo el silencio es capaz de explicar lo que nos ocurre. Sólo su escritura invisible y callada contiene alguna respuesta.

Articulo publicado en la edición digital del Diario La Opinión de Tenerife el sábado 21/11/2015
http://www.laopinion.es/opinion/2015/11/21/guerra-silencio/640810.html

5/11/15

Poltergeist

Fenómenos extraños en La Moncloa. El día de esa fiesta -antes foránea-, llamada Halloween, se han producido apariciones de zombies políticos, dando ruedas de prensa tras el atril institucional, con las banderas española y europea espantadas ante su pestilente presencia.
Periodistas poseídos por algún encantamiento sin identificar, escupieron preguntas sangrientas sin restricciones. Y antes de las venenosas declaraciones, hemos sabido que han tenido lugar intensas reuniones satánicas en las que se discutieron contenidos prohibidos. Lo más probable es que los espíritus callejeros se hayan apoderado de la voluntad de nuestro presidente Mariano, El Impertérrito, tras atreverse a convocar a los peligrosos líderes malignos para dialogar, en un demoníaco aquelarre de imprevisibles consecuencias.
Las señales del fin del mundo conocido como España, son cada vez más claras. Aterradores relatos sobre reformas constitucionales han sido escuchados en los recónditos pasillos de la sede presidencial. Sombrías propuestas de referéndum salieron de las mismas entrañas de un muerto viviente con coleta. Hay quienes hablan del incesante ruido de cadenas, arrastrando la pena de una transición torturada. Un espectáculo dantesco se ha apoderado de la sala de visitas, donde se mezclaban alaridos de monarcas herederos con el chirriar de sables metálicos chocando contra muros bancarios. En el suelo, quedaban esparcidas bolsas repletas de excrementos empresariales. Varias armaduras militares polvorientas tomaron vida y comenzaron a describir círculos, desorientadas, sin saber a que mando obedecer.
En el vestíbulo de entrada se podían adivinar los rostros demacrados de jueces tuertos, fiscales desdentados de cara amarillenta y abogados ojerosos arrojando esputos verdes.
Podemos afirmar que la locura democrática se ha apoderado del gobierno. Habrá que reclamar los servicios de un sacerdote especializado para que proceda al exorcismo, o estaremos condenados para siempre a ser almas que vagan, por haber renunciado a los votos de la nación indivisible, olvidando que si un maldito catalán te mordía, acabarías convertido en uno de ellos.

Artículo publicado en la edición digital del Diario La Opinión de Tenerife, el 05/11/2015
http://www.laopinion.es/opinion/2015/11/05/poltergeist/637508.html



29/10/15

El dinosaurio

Cuando Clavijo despertó, el pleito todavía estaba allí. Y con él, yacían políticos necios que utilizaban el más mediocre de los recursos, pues no encontraban mejor justificación a su propia incapacidad.
Y sonaban discursos vacuos de empresarios rancios, letras amargadas de murgas anacrónicas y gritos de magos expertos en trasegar envidias. Y proferían insultos gratuitos en base a falsas injusticias, prejuicios delirantes, crueles ignorancias. Y mantenían clichés amarrados al pasado, chistes facilones que rebuznar, complejos arraigados en el isleño recalcitrante. Y lanzaban mensajes de odio indiscriminado, quejas que eran como latigazos, flechas inculpatorias. Y volaban acusaciones por encima del mar, piedras sordas que golpean la razón, relatos egocéntricos, mensajes envenenados.
Dos islas mayores, cinco menores y los islotes. Pedazos flotantes de tierra arrancada. En la desestructurada familia canaria, los viejos fantasmas se revuelven en sus tumbas. No toleran que un chico nuevo venga a desmontar la incomunicación que tanto costó construir, negándoles su real derecho a la pataleta oficial. Muchas personas no entendemos por qué algunos representantes públicos siguen utilizando un lenguaje obsoleto en esta singularidad volcánica. Será que no se han dado cuenta de que estamos en el siglo XXI, en la era de la globalización, en la de la revolución tecnológica, en la de saber idiomas, en la de la internacionalización, y sobre todo, en la de la imaginación. Pierden su tiempo y el nuestro, encendiendo hogueras muertas. En Canarias necesitamos gente cualificada, para consolidar un proyecto integrador ante los grandes retos que tenemos por delante. Señores del pleito: váyanse por ahí, piérdanse con el dinosaurio.

Artículo publicado en el Diario La Opinión de Tenerife, el 29/10/2015
http://www.laopinion.es/opinion/2015/10/29/dinosaurio/636078.html

14/10/15

El siglo de las máquinas

Las máquinas no se hacen preguntas sobre sí mismas y avanzan. Los organismos cibernéticos calculan probabilidades y resuelven complejas ecuaciones. Desconocen el amor y la amistad. Para los androides, los sentimientos humanos son cargas inútiles, que impiden tomar las decisiones correctas. Los autómatas definen la conciencia como un residuo arcaico de la antigua filosofía. La inteligencia artificial elimina de la memoria las manifestaciones artísticas, descartando el valor histórico de la literatura, poesía o pintura, y el de todas aquellas habilidades que no demuestren utilidad práctica.
En el mundo automatizado, las acciones que realizan los individuos tienen un valor objetivo en función de su rentabilidad económica. La reflexión es considerada una pérdida cuantificada de tiempo, y se registra en el listado de actividades inútiles en términos de producción. El sistema de asignación directa, identifica los perfiles digitales de los sujetos y actualiza los salarios según su capacidad operativa. El ciclo vital de los productores-consumidores se establece de acuerdo a los parámetros de eficiencia.

El órgano supremo de información y seguridad, vigila las ideas y comentarios que van en contra de las leyes sobre la circulación restringida de pensamiento crítico. Cualquier intento de sabotaje intelectual, se clasificará y será juzgado atendiendo a su nivel de gravedad. Los inspectores robotizados son instruidos para perseguir el libre albedrío, con facultad para detener y encarcelar a los incumplidores del orden global establecido.
La educación superior se compone de tres áreas fundamentales: Desarrollo de operaciones y almacenamiento de datos, Aplicaciones de la nanotecnología y Ciencias de la Eliminación Selectiva.
Los seres vivos se dividen en tres categorías: Secuenciadores, Distribuidores y Reproductores. Cada espécimen es adiestrado en la tarea específica que le corresponde. Quedan prohibidas las actitudes de protesta y la utilización de instrumentos musicales, así como cualquier expresión alusiva a lenguas olvidadas.
En el nuevo siglo, la técnica gana y el conocimiento muere. La era de las máquinas que evolucionan y siguen sin ir al teatro.

Artículo publicado en la Edición Digital del Diario La Opinión de Tenerife, el 14/10/2015
http://www.laopinion.es/opinion/2015/10/14/siglo-maquinas/633130.html

5/10/15

Los Estados Unidos de Canarias



El barrio de Valleseco convertido en un asombroso plató de cine. La Avenida de Anaga, testigo de coches que explotan. Varias calles de Santa Cruz cubiertas de humo artificial, envolviendo trepidantes escenas de acción. Manifestantes, antidisturbios, peleas. Llegó a Tenerife la magia de un circo con mucho presupuesto. Vecinos, curiosos y docenas de parados, esperan su oportunidad, ansiosos por vivir unos días de película.

Ingresos extraordinarios en hoteles, bares, restaurantes. Modernos focos colgados de los balcones. Toda la ciudad esperando que los extraterrestres toquen a la puerta con los fajos de billetes cayéndose de los bolsillos. Te pagan si no abres la ventana, y también si te piden que la abras. Cortan calles, colocan vallas publicitarias en griego, reparten sonrisas y profesionalidad a partes iguales. No olvidemos que esto es una industria, el maná caído del cielo de las superproducciones, otro pequeño paso para el ultra famoso Bourne, pero un gran paso para nuestra anhelada diversificación. Ya el turismo no lo será casi todo. Ahora seremos bien conocidos en todo el mundo, que en Grecia hay mal ambiente y por eso ruedan aquí, como si fuera allí. ¡Corten!.


Cartel de la Película
Bienvenido Mr. Marshall
El rodaje de una ficción cinematográfica, estirando el chicle de la saga, financiada por la factoría del entretenimiento. Un gigantesco decorado, para dejar en estado de éxtasis a los protagonistas de la frágil realidad. La fantasía en la cabeza del director, exportada a los cerebros huérfanos de una cultura diferente.

Las Islas Cancámicas ante la increíble oportunidad que estábamos esperando, un genuino cáncamo, más o menos bien pagado, que nos transportará directamente a la gloria del Star System. Y dicen que vendrán más largometrajes, atraídos por las ventajas fiscales, por la luz y sobre todo por nuestra "cariñosa forma de ser".

La solución de todos nuestros endémicos males viene de la mano de los productores americanos. Ya falta poco para la feliz proclamación de los United States of Canaries (USC), con la bendición de la Virgen de Candelaria, por si acaso.





Artículo publicado en la edición impresa del Diario La Opinión de Tenerife el 05/10/2015


17/9/15

Refugiados en Canarias

Emigrantes canarios rumbo a América

En el nuevo paraíso canario no sabemos mucho sobre lo que siente un refugiado. Solo quienes conservan el vago recuerdo de algún tío o abuelo que decidió abandonar la platanera y la dictadura de los caciques para embarcarse a hacer Las Américas, pueden traernos un trozo del desgarro generacional que provoca el fenómeno migratorio. Es como si, de repente, la memoria colectiva de este pueblo hubiese sufrido un enterramiento prematuro dentro de un ataúd de hormigón armado. Casi nadie habla ya de lo que era Canarias hace cincuenta años, que no son nada, pero son mucho, bajo la política de desarrollismo galopante, entre comisiones de autopistas, aeropuertos y hoteles.

El canario estándar es noble, generoso y solidario, escucho decir a los voceros del invento autonómico, con su folía sonando de fondo. Pero luego, de puertas adentro, llegan susurros de recelo y desconfianza: Y ¿a cuántos van a dejar entrar?; si aquí no hay trabajo para los jóvenes eruditos del extrarradio, pues menos todavía para esa gente que solo habla inglés o francés. ¡Fuerte problema! ¡Oiga, que la culpa es de los americanos, que lo arreglen ellos! Bastante tenemos aquí, que nos quitan las subvenciones y nos deben un montón de perras, como dicen los de Coalición, que siempre defienden "lo nuestro". Y encima, ¡los sirios son musulmanes, igual se cuelan terroristas en medio!; ya lo dijo el Ministro del "Miedo al Exterior". Bueno, un plato de potaje les darán en el centro de internamiento, porque no los irán a meter en pisos, digo yo. Están desahuciando a familia enteras, y ¿les van a regalar una casa a ellos?. Mira que se meten un montón ahí dentro y no hay quien los saque. Yo no soy racista, pero oye, que siguen con sus costumbres, la religión, la comida,...

Barco con refugiados sirios.
En estas afortunadas islas se acepta la piel morena del canario cerrado y cicatero, que se refugia en en propia ínsula de temores y complejos. Sin embargo, no está tan claro el grado de tolerancia ante la llegada de pieles extrañas, que huyen del hambre o de la guerra. Es como si hubiéramos olvidado a aquellos isleños que se fueron  a buscar fortuna en un pasado lleno de paraísos perdidos.




Artículo publicado en la edición impresa del Diario La Opinión de Tenerife, el 17/09/2015


9/9/15

Metafísica de la huida.


Casi todo el mundo huye. Hay quienes huyen en avión, otros lo hacen surcando el mar en un velero — una imagen icónica de la huida — aunque la mayoría pone tierra de por medio utilizando sus piernas, como los que caminan o corren. Se puede huir en un descapotable sin mirar por el retrovisor, o desplazarse en tren y observar el paisaje corriendo hacia atrás, como si alguien estuviera rebobinando la película de lo que tus ojos registran en modo estático, mientras lo vas perdiendo de vista. Dicho de otra manera, nuestro presente es una continua huida de todos los pasados posibles, que a veces aparentan volver por nuestro deseo de huir hacia lo ya huido, para experimentarlo de nuevo o cambiarlo, pero luego nos damos cuenta de que eso es imposible, porque el olvido siempre se impone como el más potente impulsor del acto de huir.


Cualquier día es bueno para huir y es mejor aceptarlo, antes de arrepentirse por no haber huido a tiempo. 

Puedes huir montado en bicicleta, subido a unos patines, o en una piragua siguiendo la corriente de un río, que es una importante cantidad de agua que huye hasta desembocar en el océano, gigantesco basurero recogedor de millones de toneladas de materiales y residuos que huyeron de algún sitio. Practicar cualquier deporte es una gran excusa para huir por tu cuenta o con la complicidad de otros. Hay recintos dedicados a acoger campeonatos en los que participan atletas, que compiten por saber quien es el más rápido huyendo, o por su destreza en diversas disciplinas "huyentes". La velocidad representa un mérito añadido en el acto de huir, cuando hablamos de los pilotos de carreras, que dan vueltas a un circuito, huyendo por llegar el primero a la meta. No obstante, si no eres un fuera de serie, pero deseas disfrutar en la carretera, una moto te proporciona la posibilidad de sortear el tráfico y los atascos provocados por largas colas de huidores, además de la facilidad para aparcar en la puerta de cualquier lugar, y volver a salir huyendo de ahí en cuanto quieras.

A menudo, ciertas huidas logran fama y reconocimientos. Tal es el caso de los osados que acometen expediciones para escalar montañas, ascendiendo con gran esfuerzo hasta sus cimas, de las que inmediatamente salen huyendo cuesta abajo, ante el riesgo de padecer congelación o locura transitoria. Los lobos de mar emprenden huidas solitarias y baten récords enfrentándose a tormentas y grandes olas. Tirarse en parapente constituye una atractiva modalidad de huida, ya que te permite sobrevolar las cabezas de las hormigas humanas y descubrir como huyen de un lado para otro. Normalmente casi todo el mundo huye de emular estos espectaculares retos por el riesgo que comportan. Sin embargo hay gente que necesita chutes constantes de adrenalina, para dar sentido a sus huidas. Los aspirantes a astronauta deben obtener un alto grado de preparación, si quieren que los elijan para llevar a cabo su huida espacial, consiguiendo huir de la gravedad, propulsados por cohetes que los empujan hasta que llegan a un punto crítico, cuando el módulo se separa y comienza la experiencia de los cuerpos que flotan mientras huyen. 

La huida puede ser activa o pasiva, voluntaria o forzosa. En este último caso, existen personas como los inmigrantes o refugiados de las guerras, que se ven impelidos a salir huyendo de sus países, constituyendo una huida triste y dura, por el peligro cierto de perecer en ese tortuoso trance, o incluso en el caso de salir ileso, arrastrar para siempre el desarraigo y la tristeza del ser humano al que la ausencia de solidaridad señala como huidor ilegal. Se podría deducir que los países ricos huyen de los pobres y que, en consecuencia, las personas hacemos lo mismo, huyendo de conmovernos demasiado o de tomar las riendas y hacer algo por mejorar las condiciones de la huyente realidad que nos rodea, y que amenaza con invadir nuestro desdén. El recurso de cerrar los ojos ante la evidencia, es una absurda característica y se encuentra generalizada en la típica huida hipócrita.

Hay personas que huyen a meditar, y seguramente, casi todo el mundo ha huido alguna vez mediante el consumo de drogas, por una cuestión de curiosidad o por simple vicio desaforado. Los viajes y evasiones que proporcionan ciertos compuestos químicos, más allá de los conocidos efectos del alcohol, el cannabis, la cocaína o la heroína, pueden provocar verdaderos trastornos que precisan de tratamiento psiquiátrico, una especialidad médica basada en devolver al paciente la conciencia de sí mismo, procurando que al mejorar, continúe huyendo de una forma aceptable por parte de la sociedad. Los cuadros de ansiedad o depresión constituyen una huida descontrolada, algo así como dejar el manejo del coche en manos del volante, en una flagrante huida de la responsabilidad, así que los fármacos inhibidores de la huida, actúan en el cerebro del conductor-paciente para que recuerde y sepa decidir en cada momento hacia donde quiere huir, sin perder el dominio de su huida particular.

Casi todo el mundo asiste a eventos que son huidas habituales y generalizadas, como celebraciones religiosas — bodas, bautizos, comuniones — o todo aquello que implique un encuentro gastronómico en compañía del agradable refugio etílico. Las huidas a fiestas de cualquier índole nos reportan grandes esperanzas en el éxito de una forma de huir que consideramos cómoda, y que en muchos casos garantiza satisfacciones y tremendos delirios de grandeza. La huida inmersa en el placer del sexo casualmente esporádico o rutinario, sea gratuito o alquilado, supone uno de los principales antídotos de la huida violenta o explosiva, porque las relaciones íntimas atemperan las energías y relajan las ganas de huir. 

Un estadio de fútbol define casi perfectamente la emoción que sienten miles de personas, que han huido a presenciar, al mismo tiempo, el mismo partido en el que los jugadores ídolos de las masas huyentes, se dedican a huir noventa minutos tras el mismo balón, con un árbitro que los persigue y a la vez, huye de entorpecer sus evoluciones, viéndose obligado en determinadas ocasiones, a huir de la ira de los aficionados. Las formas más exacerbadas de radicalismo están presentes en casi todas las esferas de la vida, con particular incidencia en las ideologías políticas y en las religiones, que nutren de verdades pretendidamente absolutas a soldados de sus convicciones o de la fe en un dios, llegando a convertirse en terroristas que deciden inmolarse, atentando contra la vida de otros, en el convencimiento de su huida extrema al paraíso de la salvación. Absolutamente, casi todo el mundo proyecta fantasías y se instala en ellas el mayor tiempo posible, llegando a saltar de unas otras continuamente, en un vano intento de huir de la madurez, hasta que una sacudida vital los devuelve a la certeza de la insoportable levedad del ser huyente.

Casi todo el mundo, si se encuentra en plenitud de facultades, es capaz de elegir entre huir al monte o a la playa, hacer una excursión o incluso dormir en tienda de campaña bajo las estrellas. Mención aparte merecen los viajes organizados, tipo cruceros o similares, donde los viajeros alienados contratan los servicios de un guía dejando en sus manos el asesoramiento y planificación de los restaurantes, monumentos y demás visitas turísticas que van a realizar en su huida planificada. 

La huida laboral es, con casi total seguridad, la más rutinaria de las huidas. Si no estas aburrido o en el paro, huyes a la oficina compartida, a un lujoso despacho, o a visitar clientes, para mantener largas reuniones de las que a su vez, quieres salir huyendo porque se parecen mucho unas a otras. En casi todas las empresas, los empleados huyen del jefe y los miembros de los distintos departamentos recelan unos de otros en lo que sería una flagrante huida de la confianza mutua. Las ferias y grandes foros internacionales son verdaderos enjambres de empresarios, portavoces, funcionarios, políticos y oportunistas huyendo entre sí. 

La búsqueda del sustento, a la que sigue la ambición y el deseo de poder sin límite es una característica única y especial en la huida latente de los seres humanos, que se sirven del concepto dinero, un medio de pago que históricamente ha generado desarrollos, explotaciones, deudas y conflictos. Los métodos especulativos en los mercados financieros, han conseguido que la forma de huir del dinero basado en la producción real de bienes y servicios, haya mutado en una huida virtual que no se corresponde con la riqueza real, con la particularidad de la introducción de expertos en ecuaciones matemáticas, que calculan las variables de la huida, consiguiendo que el valor de cambio este constantemente huyendo de los sitios que dejan de interesar. El dinero muda de piel, según la capacidad económica y la calificación crediticia de los deudores que hipotecan su dignidad, huyendo de de la implacable persecución de los acreedores. En este sentido, el individualismo nos hace presos de la huida egoísta. Los estados utilizan sofisticados instrumentos para inducirnos a huir de la libertad en sentido amplio, siendo precisamente el miedo— la más poderosa de las emociones—, que nos inoculan a diario, valiéndose de los medios de comunicación y de la publicidad, el más socorrido elemento creador de estados de shock en la conciencia social huyente

Huir es el acto más cotidiano por tratarse de algo completamente adecuado, un instinto primario y universal. El hombre y la mujer se encuentran en un estado constante de huida y sólo durante unos diminutos instantes, se detienen para reflexionar hacia donde quieren continuar huyendo. El ser huyente denota inteligencia. La máxima de que huir es una demostración de cobardía se revela rotundamente falsa. Los espermatozoides más valientes salen huyendo disparados y el que logra fecundar un ovulo, acaba convertido en un nuevo ser que sale huyendo de la protección del útero materno. Cuando eres niño, huyes al colegio porque quieres jugar y ves pasar las tediosas horas de clase, aguantando las ganas de salir huyendo al recreo. Más tarde, cuando te enamoras, no te cansas de huir todo el rato para estar con tu pareja, y un tiempo después, acabas sintiendo el deseo de huir de esa misma persona, y huyes al bar o con los amigos, aunque en muchas ocasiones terminas huyendo de vuelta a casa, una vez se te ha pasado el impulso de la huida inicial. Las mujeres también se dejan arrastrar por el dulce atractivo de la huida, y al igual que los hombres, quieren huir de papá y de mamá, pero con frecuencia acaban huyendo de los problemas para buscar el consuelo del nido. El hogar de la infancia es principio y final de casi todas nuestras huidas. A casi todo el mundo, si se está despierto o soñando, que es el modo que aprovecha el subconsciente para huir, le gustaría pensar que se puede huir del esposo o esposa, y de uno o varios amantes, durante un tiempo, o de casi todos ellos para siempre. De hecho, las separaciones son genuinas manifestaciones de la huida, que puede ser mutua o unilateral, aunque todo elemento físico que huye provoca ciertas contradicciones, basadas en las dudas entre optar por huir de frente en dirección al que ha huido de ti, o huir en el sentido contrario. Las huidas en falso abundan a lo largo de nuestro ciclo vital.

Absolutamente casi todo el mundo, piensa o ha pensado alguna vez en huir de la soledad o de la compañía, según los casos. No siempre se decide huir al momento. Los hay con gran capacidad para huir despavoridos y están los que se lo piensan con calma, porque son de huida lenta, parsimoniosa. Prácticamente casi todo el mundo suele huir con la mente, en especial los que están encarcelados o sufren un secuestro, pues se ha comprobado que es muy posible huir sin moverse del sitio. Casi todos los artistas expresan su original vía de huida y la muestran a los demás. La música, escultura, pintura, literatura, fotografía, danza y demás manifestaciones artísticas, nacen y se desarrollan en los indescifrables procesos de la huida. Los actores y actrices de teatro, cine y televisión son unos auténticos profesionales de la huida que actúan disfrazados de tantos personajes, como la huidiza imaginación permite a guionistas, productores y directores de grandes relatos sobre las múltiples recreaciones de la huida. En el universo poético abundan las huidas metafóricas que nos enseñan una sensibilidad estética que rompe con los convencionalismos, y lo mismo sucede cuando contemplamos un cuadro de estilo abstracto. El surrealismo es la huida más genial y transgresora y nos ayuda a re interpretar la importancia casual de nuestra huidiza existencia.

Hay infinidad de madres y padres que andan desesperados por huir de sus hijos, del mismo modo que estos acaban huyendo de los padres, incluso los que se quedan a vivir juntos, porque aunque compartan el mismo domicilio, las personas se dedican a huir unas de otras por diferentes medios: el televisor, internet, los auriculares, el móvil, la tableta. Hay acciones de la vida doméstica, como lavar los platos, barrer, fregar, planchar, poner la lavadora y tender, que se ejecutan, o bien en forma de huida solitaria, o se hacen en equipo, dando lugar a una huida en común, que no deja de ser una forma más de huida. Merece especial atención la aparición de las redes sociales, que han significado un gran avance tecnológico en el progreso acelerado de la huida global. Casi todo el mundo huye hacia tendencias, modas y vídeos que pueden adquirir la categoría de fenómeno viral, para inmediatamente huir de ellos a mayor velocidad aún, desencadenando sucesivas huidas hacia los subsiguientes, que pronto son abandonados en un auténtico frenesí huidor. 

A cada momento surgen innovaciones en la ingeniería biológica y en la medicina en general, tal es el afán por alcanzar una vieja aspiración: huir del deterioro físico y de la muerte. Casi todo el mundo comprende que se dediquen millones del presupuesto a la investigación científica y a las misiones en el espacio exterior, puesto que, en un futuro no tan lejano, habrá que huir de esta Tierra para colonizar otro planeta que cumpla con los mínimos requeridos para la supervivencia. Si no se consigue a tiempo, se intentará vivir en una nave que reproduzca el medio ambiente terrícola o lo simule por medio de experiencias sensoriales, que sirvan para huir de un entorno cerrado, creyendo que nos transportamos a un bosque de pinos o hacemos submarinismo deleitando nuestra mirada entre caprichosos arrecifes de coral. 

Siempre tendemos a huir. Huimos al dentista cuando nos duele una muela o al terapeuta de turno que nos convenza con masajes o recetas de que lograremos huir de nuestras lesiones y dolencias musculares crónicas. Huimos de estar gordos haciendo dieta sana y también se huye de la delgadez exagerada. Huimos al supermercado, al taller, o a tirar la basura. Tropezamos con una piedra y a pesar de que intentamos huir de la torpeza o de equivocarnos, tarde o temprano acabamos tropezando con otra piedra, que puede ser distinta o parecida a la anterior. Las piedras—al igual que casi todo lo que esta casi siempre en reposo o quieto—, presentan la apariencia de no haber huido jamás y de que nunca huirán a ninguna parte, pero dada su pertenencia a la fuerza gravitatoria de la Tierra, de su estrella, y de los demás planetas que forman el sistema solar, es lógico pensar que huyen, si bien lo hacen de forma involuntaria. Por tanto, el hecho de desconocer, o negar la circunstancia de estar huyendo, no quiere decir exactamente que no se huya, sino casi todo lo contrario.

Casi todo el mundo ha huido de la falta de amor. Este concepto, el amor, produce particulares escozores y alucinaciones que desembocan en huidas a corto, medio y largo plazo, y que además se manifiestan hacia fuera—cuando entregamos amor al otro—, o hacia dentro—cuando nos queremos a nosotros mismos. Huimos a dormir cuando estamos cansados de tanto huir. Huimos de cualquier cosa y, por supuesto, de nuestras emociones. Huimos del frío y del calor. Huimos del aburrimiento y de la zozobra, aunque nuestra condición no nos deja eternizar los momentos de alegría, así que huimos hacia la tristeza o el abatimiento para después, querer huir del llanto y la preocupación, provocando sonrisas que pronto desaparecerán huyendo ante los nuevos acontecimientos que se presentan, unos perfectos huidores estos últimos, por cierto. Si nos hartamos, iniciamos una veloz huida hacia la cólera y el rencor, que no es sino una terca huida del perdón. Huimos a consumir de forma compulsiva lo que nos venden los anuncios, convencidos de que seremos más felices, aunque en el fondo sepamos que es mentira. Casi todo el mundo huye de la sinceridad, inventando historias para ocultar la verdad y quedar bien con los demás o con la propia conciencia. Los delincuentes huyen de la policía, como polos opuestos cumpliendo la ley de los que huyendo, se atraen. El tiempo, que todo lo huye, acaba pasando factura a nuestra huidiza fragilidad. Los segundos, minutos, horas, días, meses y años no se detienen y nos llevan en volandas en su aplastante huida. Casi todo el mundo es consciente de que hemos llegado hasta aquí desde la nada, y que nunca podremos evitar que nuestra huida nos lleve de vuelta a la nada.
Existen tantas maneras de huir, que la cantidad de variaciones en los tipos de huida tiende a infinito. Un gran número de personas huye de sus vecinos, de la familia o del perro. Con el paso de los años, casi todo el mundo suele acusar una curiosa patología: la huida de la memoria. Incluso cuando aún somos jóvenes, nos empeñamos en huir de los malos recuerdos y si nos someten a una operación, la anestesia es el mejor invento para huir del dolor. Llevamos inoculado el gen de la huida desde el principio de la existencia, pues había que huir de los animales peligrosos, de las inclemencias meteorológicas, del hambre y de la sed. También está el problema de las tribus rivales, de las que no siempre se huye, aunque podemos considerar que el hecho de atacar a los otros es una modalidad de lo que se conoce como huida hacia adelante. De igual modo, nos empeñamos en huir por encima de un problema, ignorándolo o desplazándolo hacia un futuro próximo, porque es más cómodo huir de la solución. Al final, por mucho que huimos, el problema nos revienta en la cara, así que tenemos que enfrentarlo para seguir huyendo por otros caminos.

Casi todo el mundo, tarde o temprano, pretende huir de sí mismo. Con toda probabilidad, esta es la forma más difícil de huida, por engañosa y esquiva. Adoptamos millones de sarcasmos, falacias o ficciones, tratando de convencernos de que podemos huir de quienes somos. Y llegamos a creer que lo hemos conseguido, pero irremediablemente, nuestra conciencia nos hace huir a encontrarnos con el yo que quiso independizarse de su propio ser huyente.

Desde un punto de vista filosófico, el acto de huir es positivo, pues casi siempre huimos en la búsqueda de mejorar nuestra situación. A lo largo de la historia, muchos soñadores y líderes revolucionarios han conseguido enormes transformaciones, seguidos por movimientos sociales en pos de la huida de la miseria, de la injusticia y la desigualdad, a través de medios pacíficos o violentos. El uso de las armas ha significado casi siempre una huida — casi siempre por intereses económicos — de la paz. Lo habitual en el ser humano es la lucha interior que libran el bien y el mal, aunque no siempre se pueden identificar bien los límites entre uno y otro, variando según los valores y el código ético de cada cultura o civilización. En todo caso, casi todo el mundo huye del bien hacia el mal y viceversa, presionado por las vicisitudes y por la fatalidad de los que no conocen otra solución que no sea huir.

Casi todo el mundo se pasa la vida huyendo y el que consigue llegar a viejo, porque ha tenido la inmensa fortuna de huir de enfermedades o accidentes, suele esperar a que la incapacidad física o psíquica lo lleven a emprender la huida definitiva. En este punto, debemos anotar que ese hipotético final de la materia no debe interpretarse como una huida sinónima de cero, sino la transformación necesaria que nos permite continuar huyendo envueltos en agujeros negros de dimensiones desconocidas que, casi con total seguridad, se dedican al noble arte de la huida. Lo cierto es que, si lo pensamos, casi todo lleva implícita la tendencia a huir. Las profundas causas de la huida van desde lo sencillo hasta lo complejo. El movimiento, a veces imperceptible, esta ligado a las infinitas formas de huida de forma intrínseca, como la luz que huye de la bombilla, el humo que huye del fuego, el sonido que huye del altavoz, las ideas que huyen del cerebro y las palabras que brotan huyendo de los dedos del escritor. Casi definitivamente, nuestros genes son descendientes del primer conjunto de átomos que precedieron a sus imitadores más avanzados, en el origen de la huida universal.