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15/5/18

Restos de mayo

Sin noticias de mayo, nos quedan restos antediluvianos del 68. Consignas y carteles para la curiosidad de coleccionistas en exposiciones, que recrean la nostalgia de una izquierda anclada en el pasado. El capitalismo tiene la capacidad de absorber todo lo que describe órbitas a su alrededor, incluso aquello que aspira a destruirlo. Revueltas callejeras en París, la primavera de Praga, los movimientos sociales y artísticos contra la guerra de Vietnam, contra las desigualdades y contra un sistema que supo esperar a que pasara la tormenta. Aquellos estudiantes llamando al cambio radical en el fondo y en la forma, los poderosos sindicatos de conciencia obrera, el deseo irreprochable de transformar el mundo y derribar al gran capital, resumen la crónica de un fracaso perfecto. A pesar de sus logros estéticos, aquel impulso renovador y generacional se desvaneció con el tiempo para recordarnos nuestra condición de especie que, ya desde el nacimiento, asimila que todo tiene un precio, porque somos mercancía, tanto jefes como trabajadores, distintas piezas del mismo engranaje que engrasamos por nuestro propio interés. Las crisis llamadas sistémicas no son sino la necesaria limpieza que necesita el crecimiento económico para evolucionar y reproducir la explotación que determina nuestro modo de vida. Mientras tanto, hablamos de libertad, igualdad y fraternidad, pacifismo y eco feminismo, música celestial para desahogo de gentes que reciclan y pagan la cuota de cualquier activismo. Es curioso observar el actual fenómeno de una opinión pública hiper censuradora, con el ojo mediático a la caza y captura de corruptelas políticas, violaciones en grupo, micro machismos y una interminable lista de personas y sucesos, susceptibles de ser quemados en la hoguera de las redes. En realidad, mayo nunca pasará de moda, como ese disfraz que desempolvamos de vez en cuando, para sentir que alguna vez quisimos liberarnos de nuestro miedo cerval a abandonar esta cómoda esclavitud.

Artículo publicado en el diario La Opinión de Tenerife el 15/05/2018



26/4/18

La desaparición del liderazgo



Para aspirar a una forma de liderazgo que marque tendencia, hay que llegar a la masa crítica mediante la construcción de personajes y relatos escogidos en función de nuestros gustos, miedos, anhelos y, en definitiva, de lo que apela a nuestras emociones básicas. Nuevas herramientas de espionaje masivo realizan minería de datos, escudriñan cada perfil de usuario en las redes sociales, hasta conseguir la capacidad de influir en nuestras decisiones, predecir lo que haremos mañana, o medir nuestra intención de voto sobre el candidato que nos han precocinado. Se trata de plataformas inteligentes que sirven de guía para diseñar estrategias y generar realidades alternativas. 

El sujeto que mejor encarna este desarrollo del anti líder, es Donald Trump, el inesperado Presidente norteamericano que publica tuits, con el tipo de mensajes que los algoritmos le aconsejan. El big data garantiza conclusiones fiables, sin apenas margen de error, sobre el contenido que vuelca a una audiencia digital, que valora la reacción instantánea por encima de cualquier otra consideración. En la era del entretenimiento, nos abrazamos a un capitalismo descerebrado, acumulador de seguidores que interactúan con todo aquello que consumen, que opinan compulsivamente, que acaban siendo coproductores y, en último término, creadores y destructores de las personas o símbolos que aman u odian.

La política, al igual que la expresión intelectual, musical o artística, se ha convertido en una empresa cuyo éxito radica en la rentabilidad basada en conocer bien al público, para venderle más y mejor su producto, una mercancía perecedera que hace imposible la tentativa de una permanencia sólida. La voracidad de internet diluye iconos y referentes del pasado, presente y futuro, mientras alimentamos con entusiasmo al creciente neofascismo que gestiona nuestro modo de pensar y de vivir. El vacío de líderes en Occidente, confirma su decadencia y fortalece al adoctrinamiento que se esconde tras un me gusta.

19/3/18

Mentiras


Caminaba tranquilo por la Rambla y noté que alguien me seguía. De improviso, me di la vuelta y sorprendí a mi perseguidora tratando de esconderse detrás de un árbol. Era una mentira piadosa y cobarde, pero con la suficiente cantidad de veneno como para verme obligado a ahuyentarla. Nada más deshacerme de su incómoda presencia, me cortó el paso una mentira joven e insolente, ante la que no supe reaccionar. Confuso, logré refugiarme en un bar con un cartel que decía: Se prohíbe la entrada a las mentiras. Pedí el periódico que estaba infestado de mentiras subvencionadas, mientras disimulaba mirando de reojo a los parroquianos. Algunos me parecieron sospechosos de haberse colado en el bar, disfrazados de verdad. Salí de nuevo a la calle y en el semáforo se me acercó una mentira desdentada a pedirme para comer. Entre mis dudas sobre sus verdaderas intenciones, pensé que el dinero es una de las mayores mentiras que existen, y que su utilización por parte de ciertos agentes económicos, provoca cataratas de mentiras a nivel global, embustes con tasas de interés mentiroso, valores ficticios en un mundo falso. Me detuve a sacar un billete para el tranvía y aguardé la cola de gente que hablaba y escribía mentiras en el móvil. Al acceder al vagón, y en un intento por integrarme en la sociedad mentirosa, me senté al lado de una mentira con traje y corbata. Entablamos una amigable conversación que ha fraguado en una dudosa amistad. Nos contamos nuestras vidas, y se sorprendió cuando le hablé sobre mi abuelo, que últimamente anda un poco alicaído. Resulta que, después de todos los años trabajados, le dijeron que lo de su pensión era mentira, y que él mismo, sin saberlo, podría ser un jubilado de mentira dentro de un sistema mentiroso.


Artículo publicado en el Diario La Opinión de Tenerife el 19/03/2018


16/1/18

Los fines del mundo

El fin del mundo ocurre todos los días. Las ficciones apocalípticas vaticinan un Armagedon instantáneo, unas pocas horas son suficientes para secuenciar el atractivo del caos total. Sin embargo, diminutas y densas realidades se filtran por los agujeros vacíos que dejan las cosas que mueren sin hacer ruido. El ojo humano está tan ocupado por sobrevivir a la nada cotidiana que desdeña casi todo lo que acontece. Somos espectadores de nosotros mismos, al situarnos en la grada y en el terreno de juego a la vez.

Vivimos el narcisismo de aplaudirnos, mientras vigilamos si nuestro público aplaude, y nos frustramos si no conseguimos aquello que los demás creen que deseamos. Andamos entre las ruinas que deja el camión de la basura, desechos que seguirán ahí después de que hayan rociado la calle con productos limpiadores de conciencias. Solo una pertinaz lluvia nos consuela de las lágrimas que brotan cuando sentimos el dolor de la tristeza común. Ajenos a esta desgracia consentida, irrumpen los hijos descendientes con preguntas incómodas y los nietos con respuestas inverosímiles, alterando nuestra percepción de encontrarnos al borde de un final de ciclo.

El ufológico cambio de era amanece y oscurece cada vez que el sol sale y se pone por donde suele, pero como animales miedosos, abrigamos la esperanza de un despertar distinto. Durante un rato, descansamos del vaivén universal y nos sentamos a fumar la pipa de la paz, nos sentimos espirituales, bondadosos para, acto seguido, sacar los cuchillos que guarda nuestro instinto depredador. Creamos y descreamos, a imitación de dioses que aman y odian las dos caras de una misma moneda. Nuestra respiración mueve el desorden, nunca terminamos de empezar finales ni de acabar comienzos, y así conseguimos deformar el tiempo, siendo capaces de imaginar todos los fines posibles, con tal de justificar los medios innecesarios para lograrlos.

Artículo publicado en el diario La Opinión de Tenerife, el 16/01/2018


4/1/18

Magnitud del tiempo

Las convenciones son vanos intentos de ordenar lo intangible, desde el forzoso encaje de acontecimientos según un orden cronológico, y de ahí toda una simbología numérica, a repartirse entre el azar y las supersticiones. Siempre buscamos un porqué, cuándo y dónde, especialmente en aquello que no alcanzamos a entender. Entonces lo resolvemos con la fecha del suceso, como quien le coloca un marco adecuado a la instantánea fotográfica que detiene el reloj en falso.

Abusamos de la estética en cualquier situación, de este modo las guerras tienen su banda sonora, su filmografía, sus descubrimientos de la ciencia devastadora que empuja cierto tipo de progreso.

Hoy los grandes iconos viven en la memoria de los nostálgicos, en un mundo que ya se acostumbró a una nueva clase social: la incertidumbre. La digitalización de la materia humana y el desarrollo de la inteligencia artificial condenan a la democracia a sufrir el peor de los olvidos. Libres, sin identidad propia, esclavos de la seguridad, algoritmos que sustituyen a ciudadanos candidatos a engrosar las filas de la mega corporación. Cómo mantener la voluntad anónima del hombre isla en la urbe sincronizada, el placer rebelde de un libro rodeado de hojarasca, la lentitud del aire que respira naturaleza más allá de los muros artificiales.

En esta sociedad circular apenas somos ruedas que giran al unísono, sin preguntarnos el sentido del giro propinado por los amos de la dirección a seguir. Y esperamos que nos llegue la ansiada calma, pero no aparece en el hotel rural de aquel vasto silencio, ni en el spa vertebrado por aromas metálicos, ni siquiera en el vaso de leche fresca que vertían nuestras abuelas analógicas. Vivimos ansiosos por alcanzar la placidez, pero hasta el más natural de los derechos, morir de una vez, nos será escamoteado por especuladores vestidos de blanco nuclear.

Artículo publicado en el diario La Opinión de Tenerife, el 04/01/2018

28/12/17

El proyecto Canarias

No creo en el proyecto España, o al menos no en lo que se respira a ambos lados de la fractura psicológica que nos aleja del entendimiento. El régimen bipartidista sufre las consecuencias de una profunda crisis global -cambien crisis por transformación-, la desconfianza en la arquitectura institucional y el derrumbamiento de una izquierda incapaz de plasmar un discurso alternativo. La conllevancia, que decía Ortega, es hoy un llamamiento que valdría para diseñar un nuevo pacto de país diverso, que prescinda de condiciones previas. Nuestra enfermedad es crónica, pero los usos y costumbres de la política ahondan el problema porque utilizan la ideología como un pretexto y hacen del oportunismo la triste virtud que absorbe votos alrededor de liderazgos inconsistentes. Los nietos de la democracia heredan el reto de soportarnos sin destrozarnos, bajo la furia de nacionalismos que cumplirán su amenaza cíclica en el viejo continente. Nuestra sociedad bracea en aguas extrañas, víctima de emociones contradictorias, ante el episodio traumático que supone el vernos convertidos en ciudadanos de la patria Google. En esta mutación de nuestra identidad radica el cambio de paradigma: los discursos suenan huecos, los relatos de vencedores y vencidos son un vacío carente de significado, el juego político es una multiplicación de incongruencias superficiales, sin contenido, a eliminar del big data

En el caso de Canarias, haríamos bien en hacer nuestra la sentencia de Angela Merkel, cuando dijo que Europa debería buscar su propio futuro. El mérito de exteriorizar la imagen turística de nuestro singular exotismo, debería servir de palanca para dar un paso más allá. La superación del complejo de inferioridad que condiciona al isleño, es la rampa de lanzamiento para crecer en autoestima, redactar nuestra extrema dependencia y generar alabanzas, que nos permitan ganar voz propia y encajar los conflictos que van a modificar de forma drástica, los modelos de convivencia en el siglo XXI.

Artículo publicado el en diario La Opinión de Tenerife el 28/12/2017









7/12/17

Seres de piedra

Ser una piedra es haber alcanzado un estadio superior de la evolución. La superposición de capas protectoras alrededor del corazón sabio como ejemplo de aprendizaje para las formas en constante movimiento. El mérito sólido que aporta una piel lisa y joven, lanzada sobre la superficie del agua impredecible, o la rugosa hendidura de la madurez que cicatriza entre dunas nómadas.

Las rocas son el peso de la historia que observa la derrota de los organismos en su trágico destino. Inmóviles, solo ceden cuando la base se cansa de sostener una presencia de siglos, para terminar cayendo en la ceremonia del aplastamiento, con la paz serena de los que no esperan nada de la vida. Solo callar, inteligencia de los sentidos adiestrados en el arte de la espera, frente a las ideologías y otras modas pasajeras. Despreciar este absurdo vocacional del presente dictador, para no generar juicios de valor ni subjetividades orgullosas de su vulgar raciocinio.

Un ladrillo es mejor cosa que cualquier animal humano, por más que nos interese la altura monetaria a la que es capaz de sucumbir. Mágicos dólmenes, una lápida de mármol, acaso el misterio triangular de las pirámides egipcias, o las columnas que soportan tareas titánicas en catedrales y palacios, materiales que sobreviven a la curiosidad de la mente que las imaginó y a la mano trabajadora que fue su esclava.

La carne se pudre, el hueso termina desintegrado en polvo que arrastra un aire azaroso, pero la piedra resiste, a pesar de la erosión, del cincel del artesano que la esculpe y descubre su alma. El fuego del volcán arroja pasión incandescente que, tras enfriarse, deja petrificado lo efímero del poder.

En minas y canteras reside el sustrato de lo que somos, bellas estatuas de sal que se quedaron explicando el pasado, como imponentes monolitos futuros.

Artículo publicado en el diario La Opinión de Tenerife, el 07/12/2017

2/11/17

Gobierno Friki

Los frikis gobernarán el mundo. La frase no es inocente ni desencaminada. Frente a la existencia de estados que tratan de imponer su ordenamiento jurídico, disponemos de realidades alternativas que operan en los agujeros de la legalidad vigente. En la existencia virtual podemos crear un avatar de nosotros mismos y elegir el tipo de vida que deseamos, cambiar todo lo que se nos antoje en cualquier momento. Ese otro yo que experimenta la felicidad sin paliativos mientras interactúa con un entorno diseñado a placer. El poder del individuo consiste en apretar el botón que gestiona el juego de la vida, solo nos basta con personalizar las necesidades -lo que me gusta o rechazo- a nuestro perfil de usuario. Esto nos plantea una disyuntiva entre el actual sistema alienante, dominado por agentes económicos que utilizan los medios informativos y el marketing contra todo lo que somos capaces de construir desde una rebeldía subterránea. Y es que nada de lo que ocurre es fruto de la casualidad, ni siquiera los intentos pueriles de meternos en la cabeza ideas del pasado que hablan de repúblicas, monarquías constitucionales y democracias modernas. Son tendencias idénticas, aunque pretendan manifestarse como diferentes, porque tienen el objetivo común de tomar el control de los organismos políticos y educativos, para someternos al contrato gobierno-ciudadano. Nuestra sociedad está amenazada por estos actores del bien y del mal, marionetas desfasadas que provocan el aumento de la brecha social. La bolsa de precarizados agranda la distancia galáctica con una minoría elitista, favorecida por la globalización financiera, lo que facilita la apelación a las vías extremas. Las guerras sirven como antídoto eficaz ante los bloqueos de convivencia, pero si un grupo de frikis decide intervenir, nos encontraríamos con un modelo irreverente, un nuevo paradigma que daría sentido al sinsentido que acostumbramos comprar.

Artículo publicado en el diario La Opinión de Tenerife, el 02/11/2017


26/10/17

Extraños en el escaparate

"la tercera vía" El grafiti de TvBoy frente al Palau de la Generalitat (Foto: diario ABC)
Alguien los puso ahí. Juntos el tiempo necesario antes de que sean retirados. No se miran, apenas se conocen, las pocas palabras que llegan son transmitidas por la clientela, que opina y discute sobre el uno y el otro. Que si es más alto o más bajo, que si los visten de aquella forma, que la mirada dice una cosa y el gesto demuestra lo contrario. Los comparan y se comparan, los miran y los admiran, a veces los odian desde la antipatía o desde una rabiosa envidia. Algunos quieren al uno más que al otro, incluso hay clientes que desearían verlos muertos, o encerrados para siempre en un trastero oscuro. Hay quien habla de hornos incineradores para cuando pase su momento de gloria, si dan la orden de que los desguacen, salvo en el caso de que sirvan como floreros. Uno hace pensar más en el dinero y el otro en la cultura, aunque esto comienza a confundirse, por la cantidad de clientes insatisfechos que no saben a qué atenerse. Todos quieren vivir bien, también soñar, tener ideas geniales, ganar fama y prestigio, seguir la línea que zigzaguea entre uno y otro. A veces, los clientes sienten que en realidad son más parecidos de lo que se imaginaban. al final acabarán los dos en el mismo sitio, quizás abrazados y entendiéndose de un modo profundo y sincero, algo imposible por tenerlo prohibido mientras se encontraban expuestos a la luz de los focos. Su piel es la misma piel, su existencia dudosa y la capacidad de liderazgo cuestionable, viendo a los equipos que los rodean frecuentemente recolocándolos, moviéndolos aquí o allá, acercándolos o alejándolos según el efecto deseado, cambiando el decorado dependiendo de la estación del año y de las necesidades egoístas de la clientela. Extraños en una soledad compartida y recíproca.

Artículo publicado en el diario La Opinión de Tenerife, el 26/10/2017.



12/10/17

Post Spain

Lo que más me sorprende del desafío independentista es que haya conseguido movilizar a tantos aburridos consumidores de la nada pasajera que llamamos democracia. Esta reafirmación de la identidad, este cierre de filas en torno a la unidad de una nación plural, marca un hito histórico que debemos agradecer al proyecto secesionista, cuyo impulso final propició Artur Mas, cuando se dio cuenta de que la ferocidad de la crisis y el 15-M viraban Catalunya hacia la izquierda. La antigua Convergencia, terminó abrazando a Esquerra y a la CUP, en una maniobra de simple supervivencia política. Pero en la vida ocurre que nuestras acciones no solo cambian el presente, sino que también son capaces de alterar el incierto futuro. Y llegados a este punto asistimos, perplejos, al inicio de una nueva transición política y social en una España necesitada de regeneración. La débil recuperación económica, la deuda que aumenta, el previsible ajuste en el sistema de pensiones, el paro estructural a pesar de la burbuja turística, y la corrupción sistémica que actúa como la savia, desde las raíces hasta la última rama de nuestro árbol genealógico, son el magma incandescente que transcurre bajo el artificio de la revuelta civil. En las redes se cruzan insultos con monólogos, y en las familias se enfadan los que están muy a favor con los que están demasiado en contra, mientras la equidistante bandera blanca trata de ganar influencia. La cercanía de sabernos a punto de caer al abismo, obedece más a deducciones ofrecidas en bandeja por la lógica de los acontecimientos, que a una reflexión sosegada sobre la exagerada manipulación a la que estamos sometidos. La emoción colectiva tele dirigida que porta banderas, es el fantasma de un Estado que prefiere trasladar su miedo a los ciudadanos en vez de atreverse a superar el franquismo sociológico y construir una disruptiva e inaplazable post Spain.

Artículo publicado en el diario La Opinión de Tenerife el 12/10/2107.




7/10/17

Revolución

La épica del relato independentista ha obtenido una importante victoria moral sobre la legalidad constitucional. La potencia de las imágenes con la policía rompiendo cristales y puertas de colegios, requisando urnas y golpeando a civiles en actitud de resistencia pasiva, le ha dado la vuelta a una tortilla que parecía española. La escenificación del éxito cívico y la valentía demostrada a pesar de la vergüenza del gobierno en la abarrotada sala de prensa "internacional", remataba la jornada histórica del 1-O. Paso a paso, la ruta anunciada del secesionismo se ha ido cumpliendo, siempre por delante de la iniciativa de un Rajoy que siempre juega a verlas venir. Su empecinamiento en no reconocer el problema y tratar de gestionarlo nos va a costar muy caro a todos. Lo que está ocurriendo en Cataluña se llama revolución política y social, que no tendrá las mínimas garantías democráticas, que no reparará en lo que piensa la mitad de su población, que será insuficiente, ilegal, clandestina, autoritaria, demagógica; características y atributos de toda revolución que se precie.

Aristóteles dijo que pensamos lo que sentimos. Esta visceralidad tan nuestra ha provocado que la reacción tardía y desmedida del gobierno español, haya conseguido catapultar la emoción nacionalista, incluso entre muchos de los que, a priori, estaban en contra del referéndum. 

Y ahora entrarán en escena otros actores con no poca influencia: comunidad europea, mercados financieros, empresas del IBEX 35, multinacionales, agencias de calificación, aumentando la presión para evitar que nuestro querido sistema económico sufra y lastre el consumo.

Tras el triste domingo otoñal, a la madre España, ensimismada y colérica, se le caen las hojas arrastradas por un viento inusitado. El mastodóntico Estado parece reducido al tamaño de una pulga, que salta nerviosa sobre los vellos erizados de un caballo llamado cambio.

Artículo publicado en el diario La Opinión de Tenerife, el 05/10/2017


14/9/17

Sonrían

El rastro de las sombras que perseguimos es la cuenta atrás en el teatro negro del Armagedon. y si el aleteo de una mariposa equivale a una explosión nuclear de celos, podemos estar tranquilos, que ya la naturaleza pondrá las cosas en su sitio. En el mismo lugar donde todo comenzó, podría ser África, el continente raíz, origen y misterio de la noria civilizatoria. Nuestro sudor es el mismo sudor del antepasado que dejó de ser primate para ser el primero de la clase. Absurdo y maravilloso aquelarre de fantasías grandilocuentes que nos ha traído hasta esta esquina de la historia. Y bueno, hay que decirlo: las máquinas serán mejores que nosotros y esperan, como solo sabe esperar una máquina, para terminar de agarrar el testigo y correr. Ahora más que nunca deberíamos empeñarnos en sentirnos alegres, sabedores de nuestra individualidad manifiestamente saludable. Porque de amenazadoras guillotinas globales vamos demasiado servidos, dicho sea sin menospreciar las ansias legítimas de nacional populismos que ponen de luto las democracias.

Compuesta y sin novio se queda la estatua de la libertad, violada y torturada, no importa el orden ni el concierto de naciones con el pulso débil, pues falta ilusión por recuperar el sentido de aquellas cosas en las que creíamos. La precariedad no resiste comparación con el glamour de la desigualdad de antes. Antes había clases, teníamos algo por lo que luchar, había natalidad y no había tanto perro para acompañar el vacío de la soledad digital. Antes, nos descojonábamos con vulgaridades, espontáneos, y no nos tomábamos tan en serio la seriedad del humor inteligente que ha invadido todos los monólogos. Ya solo nos quedan el Sálvame y el Salvados, pues aquí se trata de salvarnos como sea, y el arrebato de pasión bien pagado de la Esteban, es tan nuestro como el agudo periodismo de el Évole. Sonrían, please.


Artículo publicado en el diario La Opinión de Tenerife, el 14/09/2017.

31/8/17

Farsantes

La farsa que se vive en Cataluña es el resultado de una redundante esclerosis política. Los muertos significan bien poco cuando el trasunto de la independencia llama a rebato. Los periódicos habrán amarilleado y la ceremonia de la perplejidad aun seguirá consumiendo las entrañas de un país roto. Y quien dice país, dice la gente de a pie, la que transita de puntillas sobre los restos con olor a azufre que dejan los usurpadores de turno. La nacionalidad con aires de grandeza tiene un serio problema de identidad, cuando la globalización estalla en las ramblas sin preocuparse de llamar a la puerta. El proceso secesionista es la desesperada salida al pantano de corrupción que anega las instituciones en Cataluña, muy en consonancia con las corruptelas del estado español, grotescamente camufladas con advertencias teñidas de trasnochado patriotismo. El fracaso de la democracia es el de la pérdida de una idea de progreso, en virtud de ansias pueriles, desde el pelotazo urbanístico hasta la cultura endogámica. Si rescatamos al Quijote y lo situamos en la época actual, su lanza solitaria sin más compañía que la del fiel Sancho, necesitaría un ejército de intocables para deshacer tanto entuerto de mediáticos fanatismos. Independizarse de qué y de quién, si millones de turistas llegan reclamando su hueco de gloria, su yo estuve aquí y pisé suelo que en realidad es de todos y de nadie, por mucho que se repitan de corrido y sin abrir los ojos, viejas letanías e inquebrantables dogmas de fe. Romper con qué y con quién, mientras el cambio climático amenaza con asombrarnos ante nuestra propia necedad. Aislar de qué y de quién en este planeta internet que hace tabla rasa de todas las utopías.

Nuestra sociedad zombie se deja convencer por farsantes olvidando que negar al otro es negarse a uno mismo.

Artículo publicado en el diario La Opinión de Tenerife el 31/08/2017.

24/8/17

Lo que hay detrás

Viñeta de Mafalda. Autor: Quino.

Nuestra sociedad está amenazada. Los medios de manipulación masiva extienden el miedo, la emoción más poderosa, en aras de su propia supervivencia, sirviendo de forma tácita a intereses opacos que nos sacan mucha ventaja. Para los que pensábamos que el bienestar y los valores -digamos- europeos, eran un maná inagotable y que lo normal sería vivir siempre en democracia, sin sangre molesta salpicando nuestra calle, se nos está cayendo disneylandia a trozos. No habíamos reparado en que este período de paz y prosperidad llegó precedido de dos guerras mundiales y que, lo habitual entre las tribus, es pelear hasta matarse, para luego negociar acuerdos con el objetivo de ganar tiempo preparando la siguiente confrontación. Claro que el modelo consumista que adoramos nos tiene bastante ocupados comprando todo lo que nos venden. Últimamente, el miedo a que alguien descubra errores no previstos en las ficciones oficiales, se combate con una expresión de pánico aún mayor: la terrible verdad. Si alguien se acuerda de su significado, que se levante para ser inmediatamente identificado como elemento subversivo y muy peligroso para el orden social. El control total del individuo es lo que se mueve entre bambalinas, bien orquestado y por nuestra propia seguridad. A lo mejor nos falta perspectiva sobre los hechos y nos creemos que solo se trata de que si en catalán o en español, que si el joven monstruo fugitivo y marroquí, que si el imán de la célula terrorista, que si las declaraciones institucionales y los boatos solemnes. Por encima y por debajo de estos relatos que explican la realidad, se ocultan interpretaciones que no aparecen en escena. Crear un estado momentáneo de caos, con un puñado de inocentes asesinados en virtud del funesto azar, provocan un shock que actúa con la lógica de una perfecta justificación para atentar contra lo que queda de nuestra decrépita libertad. Un negocio a varias bandas que garantiza excelentes resultados.

Artículo publicado en el diario La Opinión de Tenerife el 24/08/2017.


29/6/17

Lluvia

En Patria, la imprescindible novela de Fernando Aramburu, la lluvia no es solo otro personaje más. La constante, persistente lluvia, elemento central al que se anuda un relato que, sin este grueso telón de fondo, perdería gran parte de su crudo realismo. La oscuridad y el frío intenso que calan en lo más profundo de unas conciencias abatidas por el miedo a expresarse en libertad. La voluntad castrada por la exaltación de ideas que justifican la bandera del terrorismo, como un despiadado proveedor de locuras domésticas. La lluvia y el rastro de muerte que la acompaña, cotidiana dureza a ras de un suelo poblado de vidas destrozadas, y la desarticulación de la, ya de por sí, compleja cohesión social, nos enseñan a tomar conciencia de lo que significa disfrutar de períodos de paz, bajo unas mínimas garantías democráticas. Es extremadamente fácil caer en una lluvia de odio y sinrazón, sin que nadie se atreva a elevar la voz de la cordura sobre el imperio de la barbarie.

Duelo a garrotazos. Francisco de Goya. (Museo del Prado)


La historia de la humanidad y, en particular, la de España, lleva la violencia grabada en el código genético, el ancestral y sofisticado recurso de la fuerza en sus diferentes formas. Ante las actuales calenturas nacionales y globales, conviene no perder de vista el instinto más antiguo, el resultado de un fracaso colectivo que, a la vez, supone una especie de éxito para quien se considere ganador económico, político, intelectual, espiritual y moral -elíjase el que proceda- de una contienda entre personas, tribus, religiones o estados. Las soluciones dialogadas, últimamente en bochornosa decadencia, son la vía menos mala para traernos otro tipo de lluvia. La que cae mansa, empapando el entendimiento para ayudarlo a abrirse camino hasta encontrar la luz necesaria. La lluvia, símbolo de fertilidad y curación de terribles sequías mentales.

Artículo publicado en el diario La Opinión de Tenerife, el 29/06/2017


22/6/17

Hablar de la pobreza

Hablar de la pobreza es fácil, basta un tic automático con datos y cifras, incoloras e inodoras, para irnos luego a comer. En Canarias, la marginalidad es una organización bien introducida, en letra invisible, de los acuerdos macro. Los nuevos cantos de sirena, anuncian la post crisis, una recuperación económica real, pero que ha dejado fuera de este juego, a una cantidad inconfesable de personas. Gente cuyo paso fugaz por la clase media se acabó saldando con más frustración de la que hubiesen podido imaginar, al sufrir ahogamiento natural por dejar de cumplir la ley del "consumo, luego existo".

Nadie escribió el guión para una recesión tan larga y pronunciada, que ha terminado por cambiar, no solo el modelo de las relaciones laborales, sino el de la sociedad en su conjunto. Y a eso nos acostumbramos al aguantar siguiendo la corriente de la economía sumergida. -Aquí estamos, escapando-, es la respuesta clásica a la pregunta de todos los días. Demasiada presión de gastos dignos de estudio, muy por encima de los menguantes salarios.

Alegrémonos de que vuelve a fluir el dinero bancario, los préstamos, las hipotecas, la construcción toma impulso,... Pero esta canción ya la conocemos, un nuevo engorde de la deuda, otra burbuja para explotar. Entonces nunca aprenderemos la lección: desde los primeros de allá arriba hasta los de mucho más abajo, cuando el monstruo de la desigualdad se nos aparece asomando la patita. Crecieron partidos nuevos que han llegado al Congreso, a los Ayuntamiento y a las Comunidades. Decían algo de formatear las instituciones, hacerlas abiertas y transparentes. Nada de nada. Ya el sistema los asimiló, invitándolos a formar parte del decorado. Y los escuchas gritando que si los sobres, que si denuncias contra la graciosa corrupción, ... tengan ustedes vergüenza, y en nombre de las víctimas y de los recortes, de los precarizados y de los jóvenes emigrantes económicos. ¡Hay que ver lo barato que sale hablar de la pobreza!. 

Artículo publicado en el diario La Opinión de Tenerife, el 22/06/2017


8/6/17

El agente catalán

El independentismo catalán es un esfuerzo desesperado por preservar al Estado-Nación como principal agente controlador de la información. En la misma línea se mueven las tentativas proteccionistas, que insisten en la emancipación del exterior a base de encarcelar el interior. Las barreras de entrada por la autodeterminación de un pueblo, comparten una transversalidad cuyo origen se sitúa en el hecho religioso y en la aparición del dinero. Ambos rodean y dan sentido a diferentes formas de manipulación, con el uso instrumental de una lengua propia y de relatos propagandísticos sobre la defensa histórica del patrimonio colectivo. El rescate de un sentimentalismo necesariamente amenazado por otro estado centralista y, al mismo tiempo, por el fenómeno globalizador, escenifica la gravedad de esta doble contradicción. La controversia forzosa entre partidos políticos antagónicos, que han hecho de la constante huida hacia adelante un histriónico acto de fe, relega, el amor al país, a la imposición de un neo conservadurismo casposo.

El ondear orgulloso de las banderas, los himnos programáticos, las frases hechas en canciones repetidas hasta el desmayo, recuerdan los usos y costumbres del fascismo. Desde las escuelas, se enseña a los niños a que miren con ojos provincianos, memorizando su adoctrinamiento en discursos cerrados y sin pestañear, porque es lo único que les puede salvar del trastornado e irreconocible mundo actual. Volver a ser nacionales, patrios, autóctonos, puros y perfectos reconocedores de tenebrosos enemigos, encarnados en personas concretas o en entes abstractos. La libre circulación de los datos en internet es un golpe mortal contra el poder que hunde sus raíces en la tradición, incluyendo a los llamados anti sistema, que, dispersos y sin alternativa, se tornan cómplices de lo que pretenden cambiar. La usurpación de la legitimidad democrática, es un claro símbolo del afán por alterar unas reglas de juego que llevan rotas mucho tiempo.

Artículo publicado en el periódico La Opinión de Tenerife, el jueves 08/06/2017


1/6/17


De todas las definiciones de patria, quizás la más acertada sea la que se refiere a la propia infancia. En el caso, muy particular, de esta tierra parida por volcanes, puede que los múltiples significados del sentimiento de pertenencia provengan de la fragmentación en ínsulas irreconciliables. la historia vive en el recuerdo de unos pies descalzos que transitan entre los poblados guanches y su posterior reconversión. Y, en medio, una selva de ignorancia que sigue marcando el hecho, inconfesable, de un profundo aislamiento.

El fenómeno de la emigración, en especial a Cuba y Venezuela, fomenta un trasvase cultural de ida y vuelta, que permanece enraizado en la psicología de la supervivencia. La escasez en tiempo de posguerra y una incultura generalizada, son las señas de identidad de una generación que luchaba, instintivamente, por salir adelante. Desprenderse de esa losa no es tarea fácil, y el desarrollismo galopante que sobrevino con la democracia, apenas ayudó a cambiar los hábitos y costumbres, bajo la tutela de una incipiente burguesía que, aun hoy, en las actuales administraciones públicas, continúa gestionando la herencia paternalista de los caciques.

En estas circunstancias se fraguó la mezcla de lo que se llama a sí mismo nacionalismo canario, un invento muy rentable en términos políticos, que se apropia de símbolos, emociones y colores, como estandarte de una sociedad acomplejada y miedosa.

Avanza el siglo XXI con la mediocridad autocomplaciente de la clase política y empresarial, ante un reto insospechado: redefinir el presente y el futuro de Canarias. Frente a la debilidad de una sociedad civil en permanente fase embrionaria, tendríamos que preguntarnos quiénes somos.

Reguetón y jazz; arena y asfalto; paro estructural y bilingüísmo; olas y diques; diálogo y envidia; rocas y edificios; autoestima y desconfianza. Mi casa está en el mar con siete puertas, cantó Pedro Guerra. Y la necesidad de abrir de par en par sus ventanas.


Artículo publicado en el periódico La Opinión de Tenerife, el jueves 01 de junio de 2017.


25/5/17

Cyber-yo

A la ocurrencia de preguntar, en voz alta, si alguien es capaz de definir nuestra hiper realidad, le sigue una fuerte sensación de vaciamiento. La única manera de asimilar la inmaterialidad, pasa por entender que vivimos dentro de un relato de ciencia ficción. Términos como ciberguerra, aluden al abandono del mundo físico, a la creación de un sabotaje artificial perpetrado por intangibles desarrollos informáticos. La lucha por el poder se circunscribe a la utilización de armamento virtual, un nuevo modelo de colonización que distorsiona muchos de los conceptos que nos habían sostenido hasta ahora. Esto afecta a la visión que tenemos de nosotros mismos, a una noción de la propia identidad, que creíamos invariable. Yo me llamo X, trabajo en la empresa Y, tengo una pareja Z, y dos hijos, XZ. El problema llega cuando, por sorpresa, de la nada o el todo digital, aparece un intruso que te secuestra a ti y a tu familia, o a alguna de las corporaciones a las que estamos íntimamente conectados. La encriptación de los datos equivale a retirar el cordón umbilical que te une al sistema operativo, esa omnipresente matriz que aprende de nosotros y de la que, a su vez, necesitamos nutrirnos. Respirar significa permanecer enganchados sin remedio a una relación tóxica, por la extrema dependencia emocional que lleva implícita. la simbiosis espasmódica que mantenemos con las máquinas, no es sino un reflejo del ancestral instinto de supervivencia.

La anarquía de hackers delincuentes - mercenarios o frikis - que, vistos de otro modo, se asemejan a paladines justicieros que ponen en jaque nuestro modo de vida auto instalable, supone una disrupción. Pero esta excepcionalidad es rápidamente atendida, la brecha se separa y, la puerta trasera, sellada, para devolvernos la estabilidad tranquilizadora.

Nuestra normalidad se compone de un mejunje amorfo, compuesto por críticas acuosas, mutuas acusaciones escandalosamente virales, acompañadas de miles de tuits estériles, más la correspondiente loción de pos verdades etéreas, lo que determina la imposibilidad de cuestionar el hipnótico ritmo de la información global. Nuestro perfil humano ya no existe, solo es una combinación de X, Y, Z, alojada en la nube. El salto en la evolución que transforma al pequeño dios interior, y lo acaba descifrando como un algoritmo universal.

Artículo publicado en el Diario La Opinión de Tenerife, el 25/05/2017


11/5/17

StartUp política

Las emociones lo son todo. También en la política anacrónica y tan necesitada de una profunda renovación conceptual. En Francia, Macron gana, pero el respiro de alivio es solo parcial, porque el joven nuevo presidente será un parche al que se identifica como un "continuista aliado de las multinacionales y de la globalización". El recurso del mal menor se adueña de las conciencias en las democracias decadentes, con el resurgir de extremos que apelan a la recuperación de la identidad nacional. El fenómeno opuesto ocurre a años luz del oficialismo rampante. La alternativa es que no hay alternativa utilizando métodos del pasado, estructuras rígidas que los últimos movimientos sociales y políticos se empeñan en imitar. Las élites seguirán existiendo y una mayoría de votantes asustados tirará hacia la indefinición del centrismo moderado.



Pero la realidad no cambia por el simple hecho de colocar en el teórico poder a un anti líder de marca blanca. La sociedad en general lleva tiempo reclamando, incluso de forma inconsciente, una disrupción total. Y no para destruir el sistema, sino para formatearlo, de tal modo que acabe emergiendo otro muy distinto. Algo parecido a esto, lo están llevando a cabo miles de emprendedores y creativos de las Startups, ideas emergentes y oportunidades que nacen, crecen o mueren para volver a nacer, en un constante proceso de invención, donde el fracaso es valorado y financiado como la mejor semilla del éxito. No estaría mal que a la explosión de talento que está teniendo lugar en los viveros tecnológicos, se le uniera el propósito de cambiar la relación entre los individuos y las formas de gobierno. Y que este desarrollo tuviera una capacidad de integración acorde a la evolución del propio individuo, dentro de una economía basadas en el intercambio de servicios entre particulares y en la futura autofabricación de los productos que consumimos. Las aplicaciones que miden el termómetro emocional de los clientes, personalizando sus parámetros de conducta, podrían rasgar fácilmente las vestiduras de la política carpetovetónica y dejarla en cueros, para proveernos de una desconocida y sorprendente racionalidad.

Artículo publicado en el Diario La Opinión de Tenerife, el 11/05/2017.