17/9/15

Refugiados en Canarias

Emigrantes canarios rumbo a América

En el nuevo paraíso canario no sabemos mucho sobre lo que siente un refugiado. Solo quienes conservan el vago recuerdo de algún tío o abuelo que decidió abandonar la platanera y la dictadura de los caciques para embarcarse a hacer Las Américas, pueden traernos un trozo del desgarro generacional que provoca el fenómeno migratorio. Es como si, de repente, la memoria colectiva de este pueblo hubiese sufrido un enterramiento prematuro dentro de un ataúd de hormigón armado. Casi nadie habla ya de lo que era Canarias hace cincuenta años, que no son nada, pero son mucho, bajo la política de desarrollismo galopante, entre comisiones de autopistas, aeropuertos y hoteles.

El canario estándar es noble, generoso y solidario, escucho decir a los voceros del invento autonómico, con su folía sonando de fondo. Pero luego, de puertas adentro, llegan susurros de recelo y desconfianza: Y ¿a cuántos van a dejar entrar?; si aquí no hay trabajo para los jóvenes eruditos del extrarradio, pues menos todavía para esa gente que solo habla inglés o francés. ¡Fuerte problema! ¡Oiga, que la culpa es de los americanos, que lo arreglen ellos! Bastante tenemos aquí, que nos quitan las subvenciones y nos deben un montón de perras, como dicen los de Coalición, que siempre defienden "lo nuestro". Y encima, ¡los sirios son musulmanes, igual se cuelan terroristas en medio!; ya lo dijo el Ministro del "Miedo al Exterior". Bueno, un plato de potaje les darán en el centro de internamiento, porque no los irán a meter en pisos, digo yo. Están desahuciando a familia enteras, y ¿les van a regalar una casa a ellos?. Mira que se meten un montón ahí dentro y no hay quien los saque. Yo no soy racista, pero oye, que siguen con sus costumbres, la religión, la comida,...

Barco con refugiados sirios.
En estas afortunadas islas se acepta la piel morena del canario cerrado y cicatero, que se refugia en en propia ínsula de temores y complejos. Sin embargo, no está tan claro el grado de tolerancia ante la llegada de pieles extrañas, que huyen del hambre o de la guerra. Es como si hubiéramos olvidado a aquellos isleños que se fueron  a buscar fortuna en un pasado lleno de paraísos perdidos.




Artículo publicado en la edición impresa del Diario La Opinión de Tenerife, el 17/09/2015


9/9/15

Metafísica de la huida.


Casi todo el mundo huye. Hay quienes huyen en avión, otros lo hacen surcando el mar en un velero — una imagen icónica de la huida — aunque la mayoría pone tierra de por medio utilizando sus piernas, como los que caminan o corren. Se puede huir en un descapotable sin mirar por el retrovisor, o desplazarse en tren y observar el paisaje corriendo hacia atrás, como si alguien estuviera rebobinando la película de lo que tus ojos registran en modo estático, mientras lo vas perdiendo de vista. Dicho de otra manera, nuestro presente es una continua huida de todos los pasados posibles, que a veces aparentan volver por nuestro deseo de huir hacia lo ya huido, para experimentarlo de nuevo o cambiarlo, pero luego nos damos cuenta de que eso es imposible, porque el olvido siempre se impone como el más potente impulsor del acto de huir.


Cualquier día es bueno para huir y es mejor aceptarlo, antes de arrepentirse por no haber huido a tiempo. 

Puedes huir montado en bicicleta, subido a unos patines, o en una piragua siguiendo la corriente de un río, que es una importante cantidad de agua que huye hasta desembocar en el océano, gigantesco basurero recogedor de millones de toneladas de materiales y residuos que huyeron de algún sitio. Practicar cualquier deporte es una gran excusa para huir por tu cuenta o con la complicidad de otros. Hay recintos dedicados a acoger campeonatos en los que participan atletas, que compiten por saber quien es el más rápido huyendo, o por su destreza en diversas disciplinas "huyentes". La velocidad representa un mérito añadido en el acto de huir, cuando hablamos de los pilotos de carreras, que dan vueltas a un circuito, huyendo por llegar el primero a la meta. No obstante, si no eres un fuera de serie, pero deseas disfrutar en la carretera, una moto te proporciona la posibilidad de sortear el tráfico y los atascos provocados por largas colas de huidores, además de la facilidad para aparcar en la puerta de cualquier lugar, y volver a salir huyendo de ahí en cuanto quieras.

A menudo, ciertas huidas logran fama y reconocimientos. Tal es el caso de los osados que acometen expediciones para escalar montañas, ascendiendo con gran esfuerzo hasta sus cimas, de las que inmediatamente salen huyendo cuesta abajo, ante el riesgo de padecer congelación o locura transitoria. Los lobos de mar emprenden huidas solitarias y baten récords enfrentándose a tormentas y grandes olas. Tirarse en parapente constituye una atractiva modalidad de huida, ya que te permite sobrevolar las cabezas de las hormigas humanas y descubrir como huyen de un lado para otro. Normalmente casi todo el mundo huye de emular estos espectaculares retos por el riesgo que comportan. Sin embargo hay gente que necesita chutes constantes de adrenalina, para dar sentido a sus huidas. Los aspirantes a astronauta deben obtener un alto grado de preparación, si quieren que los elijan para llevar a cabo su huida espacial, consiguiendo huir de la gravedad, propulsados por cohetes que los empujan hasta que llegan a un punto crítico, cuando el módulo se separa y comienza la experiencia de los cuerpos que flotan mientras huyen. 

La huida puede ser activa o pasiva, voluntaria o forzosa. En este último caso, existen personas como los inmigrantes o refugiados de las guerras, que se ven impelidos a salir huyendo de sus países, constituyendo una huida triste y dura, por el peligro cierto de perecer en ese tortuoso trance, o incluso en el caso de salir ileso, arrastrar para siempre el desarraigo y la tristeza del ser humano al que la ausencia de solidaridad señala como huidor ilegal. Se podría deducir que los países ricos huyen de los pobres y que, en consecuencia, las personas hacemos lo mismo, huyendo de conmovernos demasiado o de tomar las riendas y hacer algo por mejorar las condiciones de la huyente realidad que nos rodea, y que amenaza con invadir nuestro desdén. El recurso de cerrar los ojos ante la evidencia, es una absurda característica y se encuentra generalizada en la típica huida hipócrita.

Hay personas que huyen a meditar, y seguramente, casi todo el mundo ha huido alguna vez mediante el consumo de drogas, por una cuestión de curiosidad o por simple vicio desaforado. Los viajes y evasiones que proporcionan ciertos compuestos químicos, más allá de los conocidos efectos del alcohol, el cannabis, la cocaína o la heroína, pueden provocar verdaderos trastornos que precisan de tratamiento psiquiátrico, una especialidad médica basada en devolver al paciente la conciencia de sí mismo, procurando que al mejorar, continúe huyendo de una forma aceptable por parte de la sociedad. Los cuadros de ansiedad o depresión constituyen una huida descontrolada, algo así como dejar el manejo del coche en manos del volante, en una flagrante huida de la responsabilidad, así que los fármacos inhibidores de la huida, actúan en el cerebro del conductor-paciente para que recuerde y sepa decidir en cada momento hacia donde quiere huir, sin perder el dominio de su huida particular.

Casi todo el mundo asiste a eventos que son huidas habituales y generalizadas, como celebraciones religiosas — bodas, bautizos, comuniones — o todo aquello que implique un encuentro gastronómico en compañía del agradable refugio etílico. Las huidas a fiestas de cualquier índole nos reportan grandes esperanzas en el éxito de una forma de huir que consideramos cómoda, y que en muchos casos garantiza satisfacciones y tremendos delirios de grandeza. La huida inmersa en el placer del sexo casualmente esporádico o rutinario, sea gratuito o alquilado, supone uno de los principales antídotos de la huida violenta o explosiva, porque las relaciones íntimas atemperan las energías y relajan las ganas de huir. 

Un estadio de fútbol define casi perfectamente la emoción que sienten miles de personas, que han huido a presenciar, al mismo tiempo, el mismo partido en el que los jugadores ídolos de las masas huyentes, se dedican a huir noventa minutos tras el mismo balón, con un árbitro que los persigue y a la vez, huye de entorpecer sus evoluciones, viéndose obligado en determinadas ocasiones, a huir de la ira de los aficionados. Las formas más exacerbadas de radicalismo están presentes en casi todas las esferas de la vida, con particular incidencia en las ideologías políticas y en las religiones, que nutren de verdades pretendidamente absolutas a soldados de sus convicciones o de la fe en un dios, llegando a convertirse en terroristas que deciden inmolarse, atentando contra la vida de otros, en el convencimiento de su huida extrema al paraíso de la salvación. Absolutamente, casi todo el mundo proyecta fantasías y se instala en ellas el mayor tiempo posible, llegando a saltar de unas otras continuamente, en un vano intento de huir de la madurez, hasta que una sacudida vital los devuelve a la certeza de la insoportable levedad del ser huyente.

Casi todo el mundo, si se encuentra en plenitud de facultades, es capaz de elegir entre huir al monte o a la playa, hacer una excursión o incluso dormir en tienda de campaña bajo las estrellas. Mención aparte merecen los viajes organizados, tipo cruceros o similares, donde los viajeros alienados contratan los servicios de un guía dejando en sus manos el asesoramiento y planificación de los restaurantes, monumentos y demás visitas turísticas que van a realizar en su huida planificada. 

La huida laboral es, con casi total seguridad, la más rutinaria de las huidas. Si no estas aburrido o en el paro, huyes a la oficina compartida, a un lujoso despacho, o a visitar clientes, para mantener largas reuniones de las que a su vez, quieres salir huyendo porque se parecen mucho unas a otras. En casi todas las empresas, los empleados huyen del jefe y los miembros de los distintos departamentos recelan unos de otros en lo que sería una flagrante huida de la confianza mutua. Las ferias y grandes foros internacionales son verdaderos enjambres de empresarios, portavoces, funcionarios, políticos y oportunistas huyendo entre sí. 

La búsqueda del sustento, a la que sigue la ambición y el deseo de poder sin límite es una característica única y especial en la huida latente de los seres humanos, que se sirven del concepto dinero, un medio de pago que históricamente ha generado desarrollos, explotaciones, deudas y conflictos. Los métodos especulativos en los mercados financieros, han conseguido que la forma de huir del dinero basado en la producción real de bienes y servicios, haya mutado en una huida virtual que no se corresponde con la riqueza real, con la particularidad de la introducción de expertos en ecuaciones matemáticas, que calculan las variables de la huida, consiguiendo que el valor de cambio este constantemente huyendo de los sitios que dejan de interesar. El dinero muda de piel, según la capacidad económica y la calificación crediticia de los deudores que hipotecan su dignidad, huyendo de de la implacable persecución de los acreedores. En este sentido, el individualismo nos hace presos de la huida egoísta. Los estados utilizan sofisticados instrumentos para inducirnos a huir de la libertad en sentido amplio, siendo precisamente el miedo— la más poderosa de las emociones—, que nos inoculan a diario, valiéndose de los medios de comunicación y de la publicidad, el más socorrido elemento creador de estados de shock en la conciencia social huyente

Huir es el acto más cotidiano por tratarse de algo completamente adecuado, un instinto primario y universal. El hombre y la mujer se encuentran en un estado constante de huida y sólo durante unos diminutos instantes, se detienen para reflexionar hacia donde quieren continuar huyendo. El ser huyente denota inteligencia. La máxima de que huir es una demostración de cobardía se revela rotundamente falsa. Los espermatozoides más valientes salen huyendo disparados y el que logra fecundar un ovulo, acaba convertido en un nuevo ser que sale huyendo de la protección del útero materno. Cuando eres niño, huyes al colegio porque quieres jugar y ves pasar las tediosas horas de clase, aguantando las ganas de salir huyendo al recreo. Más tarde, cuando te enamoras, no te cansas de huir todo el rato para estar con tu pareja, y un tiempo después, acabas sintiendo el deseo de huir de esa misma persona, y huyes al bar o con los amigos, aunque en muchas ocasiones terminas huyendo de vuelta a casa, una vez se te ha pasado el impulso de la huida inicial. Las mujeres también se dejan arrastrar por el dulce atractivo de la huida, y al igual que los hombres, quieren huir de papá y de mamá, pero con frecuencia acaban huyendo de los problemas para buscar el consuelo del nido. El hogar de la infancia es principio y final de casi todas nuestras huidas. A casi todo el mundo, si se está despierto o soñando, que es el modo que aprovecha el subconsciente para huir, le gustaría pensar que se puede huir del esposo o esposa, y de uno o varios amantes, durante un tiempo, o de casi todos ellos para siempre. De hecho, las separaciones son genuinas manifestaciones de la huida, que puede ser mutua o unilateral, aunque todo elemento físico que huye provoca ciertas contradicciones, basadas en las dudas entre optar por huir de frente en dirección al que ha huido de ti, o huir en el sentido contrario. Las huidas en falso abundan a lo largo de nuestro ciclo vital.

Absolutamente casi todo el mundo, piensa o ha pensado alguna vez en huir de la soledad o de la compañía, según los casos. No siempre se decide huir al momento. Los hay con gran capacidad para huir despavoridos y están los que se lo piensan con calma, porque son de huida lenta, parsimoniosa. Prácticamente casi todo el mundo suele huir con la mente, en especial los que están encarcelados o sufren un secuestro, pues se ha comprobado que es muy posible huir sin moverse del sitio. Casi todos los artistas expresan su original vía de huida y la muestran a los demás. La música, escultura, pintura, literatura, fotografía, danza y demás manifestaciones artísticas, nacen y se desarrollan en los indescifrables procesos de la huida. Los actores y actrices de teatro, cine y televisión son unos auténticos profesionales de la huida que actúan disfrazados de tantos personajes, como la huidiza imaginación permite a guionistas, productores y directores de grandes relatos sobre las múltiples recreaciones de la huida. En el universo poético abundan las huidas metafóricas que nos enseñan una sensibilidad estética que rompe con los convencionalismos, y lo mismo sucede cuando contemplamos un cuadro de estilo abstracto. El surrealismo es la huida más genial y transgresora y nos ayuda a re interpretar la importancia casual de nuestra huidiza existencia.

Hay infinidad de madres y padres que andan desesperados por huir de sus hijos, del mismo modo que estos acaban huyendo de los padres, incluso los que se quedan a vivir juntos, porque aunque compartan el mismo domicilio, las personas se dedican a huir unas de otras por diferentes medios: el televisor, internet, los auriculares, el móvil, la tableta. Hay acciones de la vida doméstica, como lavar los platos, barrer, fregar, planchar, poner la lavadora y tender, que se ejecutan, o bien en forma de huida solitaria, o se hacen en equipo, dando lugar a una huida en común, que no deja de ser una forma más de huida. Merece especial atención la aparición de las redes sociales, que han significado un gran avance tecnológico en el progreso acelerado de la huida global. Casi todo el mundo huye hacia tendencias, modas y vídeos que pueden adquirir la categoría de fenómeno viral, para inmediatamente huir de ellos a mayor velocidad aún, desencadenando sucesivas huidas hacia los subsiguientes, que pronto son abandonados en un auténtico frenesí huidor. 

A cada momento surgen innovaciones en la ingeniería biológica y en la medicina en general, tal es el afán por alcanzar una vieja aspiración: huir del deterioro físico y de la muerte. Casi todo el mundo comprende que se dediquen millones del presupuesto a la investigación científica y a las misiones en el espacio exterior, puesto que, en un futuro no tan lejano, habrá que huir de esta Tierra para colonizar otro planeta que cumpla con los mínimos requeridos para la supervivencia. Si no se consigue a tiempo, se intentará vivir en una nave que reproduzca el medio ambiente terrícola o lo simule por medio de experiencias sensoriales, que sirvan para huir de un entorno cerrado, creyendo que nos transportamos a un bosque de pinos o hacemos submarinismo deleitando nuestra mirada entre caprichosos arrecifes de coral. 

Siempre tendemos a huir. Huimos al dentista cuando nos duele una muela o al terapeuta de turno que nos convenza con masajes o recetas de que lograremos huir de nuestras lesiones y dolencias musculares crónicas. Huimos de estar gordos haciendo dieta sana y también se huye de la delgadez exagerada. Huimos al supermercado, al taller, o a tirar la basura. Tropezamos con una piedra y a pesar de que intentamos huir de la torpeza o de equivocarnos, tarde o temprano acabamos tropezando con otra piedra, que puede ser distinta o parecida a la anterior. Las piedras—al igual que casi todo lo que esta casi siempre en reposo o quieto—, presentan la apariencia de no haber huido jamás y de que nunca huirán a ninguna parte, pero dada su pertenencia a la fuerza gravitatoria de la Tierra, de su estrella, y de los demás planetas que forman el sistema solar, es lógico pensar que huyen, si bien lo hacen de forma involuntaria. Por tanto, el hecho de desconocer, o negar la circunstancia de estar huyendo, no quiere decir exactamente que no se huya, sino casi todo lo contrario.

Casi todo el mundo ha huido de la falta de amor. Este concepto, el amor, produce particulares escozores y alucinaciones que desembocan en huidas a corto, medio y largo plazo, y que además se manifiestan hacia fuera—cuando entregamos amor al otro—, o hacia dentro—cuando nos queremos a nosotros mismos. Huimos a dormir cuando estamos cansados de tanto huir. Huimos de cualquier cosa y, por supuesto, de nuestras emociones. Huimos del frío y del calor. Huimos del aburrimiento y de la zozobra, aunque nuestra condición no nos deja eternizar los momentos de alegría, así que huimos hacia la tristeza o el abatimiento para después, querer huir del llanto y la preocupación, provocando sonrisas que pronto desaparecerán huyendo ante los nuevos acontecimientos que se presentan, unos perfectos huidores estos últimos, por cierto. Si nos hartamos, iniciamos una veloz huida hacia la cólera y el rencor, que no es sino una terca huida del perdón. Huimos a consumir de forma compulsiva lo que nos venden los anuncios, convencidos de que seremos más felices, aunque en el fondo sepamos que es mentira. Casi todo el mundo huye de la sinceridad, inventando historias para ocultar la verdad y quedar bien con los demás o con la propia conciencia. Los delincuentes huyen de la policía, como polos opuestos cumpliendo la ley de los que huyendo, se atraen. El tiempo, que todo lo huye, acaba pasando factura a nuestra huidiza fragilidad. Los segundos, minutos, horas, días, meses y años no se detienen y nos llevan en volandas en su aplastante huida. Casi todo el mundo es consciente de que hemos llegado hasta aquí desde la nada, y que nunca podremos evitar que nuestra huida nos lleve de vuelta a la nada.
Existen tantas maneras de huir, que la cantidad de variaciones en los tipos de huida tiende a infinito. Un gran número de personas huye de sus vecinos, de la familia o del perro. Con el paso de los años, casi todo el mundo suele acusar una curiosa patología: la huida de la memoria. Incluso cuando aún somos jóvenes, nos empeñamos en huir de los malos recuerdos y si nos someten a una operación, la anestesia es el mejor invento para huir del dolor. Llevamos inoculado el gen de la huida desde el principio de la existencia, pues había que huir de los animales peligrosos, de las inclemencias meteorológicas, del hambre y de la sed. También está el problema de las tribus rivales, de las que no siempre se huye, aunque podemos considerar que el hecho de atacar a los otros es una modalidad de lo que se conoce como huida hacia adelante. De igual modo, nos empeñamos en huir por encima de un problema, ignorándolo o desplazándolo hacia un futuro próximo, porque es más cómodo huir de la solución. Al final, por mucho que huimos, el problema nos revienta en la cara, así que tenemos que enfrentarlo para seguir huyendo por otros caminos.

Casi todo el mundo, tarde o temprano, pretende huir de sí mismo. Con toda probabilidad, esta es la forma más difícil de huida, por engañosa y esquiva. Adoptamos millones de sarcasmos, falacias o ficciones, tratando de convencernos de que podemos huir de quienes somos. Y llegamos a creer que lo hemos conseguido, pero irremediablemente, nuestra conciencia nos hace huir a encontrarnos con el yo que quiso independizarse de su propio ser huyente.

Desde un punto de vista filosófico, el acto de huir es positivo, pues casi siempre huimos en la búsqueda de mejorar nuestra situación. A lo largo de la historia, muchos soñadores y líderes revolucionarios han conseguido enormes transformaciones, seguidos por movimientos sociales en pos de la huida de la miseria, de la injusticia y la desigualdad, a través de medios pacíficos o violentos. El uso de las armas ha significado casi siempre una huida — casi siempre por intereses económicos — de la paz. Lo habitual en el ser humano es la lucha interior que libran el bien y el mal, aunque no siempre se pueden identificar bien los límites entre uno y otro, variando según los valores y el código ético de cada cultura o civilización. En todo caso, casi todo el mundo huye del bien hacia el mal y viceversa, presionado por las vicisitudes y por la fatalidad de los que no conocen otra solución que no sea huir.

Casi todo el mundo se pasa la vida huyendo y el que consigue llegar a viejo, porque ha tenido la inmensa fortuna de huir de enfermedades o accidentes, suele esperar a que la incapacidad física o psíquica lo lleven a emprender la huida definitiva. En este punto, debemos anotar que ese hipotético final de la materia no debe interpretarse como una huida sinónima de cero, sino la transformación necesaria que nos permite continuar huyendo envueltos en agujeros negros de dimensiones desconocidas que, casi con total seguridad, se dedican al noble arte de la huida. Lo cierto es que, si lo pensamos, casi todo lleva implícita la tendencia a huir. Las profundas causas de la huida van desde lo sencillo hasta lo complejo. El movimiento, a veces imperceptible, esta ligado a las infinitas formas de huida de forma intrínseca, como la luz que huye de la bombilla, el humo que huye del fuego, el sonido que huye del altavoz, las ideas que huyen del cerebro y las palabras que brotan huyendo de los dedos del escritor. Casi definitivamente, nuestros genes son descendientes del primer conjunto de átomos que precedieron a sus imitadores más avanzados, en el origen de la huida universal.


22/8/15

Casualidades



Pura casualidad llamarse Rodrigo Rato, tener acceso directo al despacho del ministro del interior, y pedirle que dé órdenes para que las mismas instituciones de las que te aprovechaste, valiéndote de tu nombre y de tu cargo, se encarguen de protegerte.
Coincidencia la de subirte a un ataúd flotante atestado de compañeros refugiados sirios, compartiendo idéntica mezcla de miedo y esperanza, con la vista puesta en la utópica solidaridad europea, un concepto cultural y político en decadencia.
Cosas del azar como declararte ciudadano griego y, aunque suene raro, haber trabajado casi como cualquier alemán de la misma edad, pero vivir de lo puesto y escuchar que hay que aceptar otro rescate del rescate, a costa de seguir profundizando en la depresión social y económica.
Curioso formar parte de una plantilla de obreros en una fábrica que se encuentra justo en el norte de China, y verte obligado a salir huyendo de la muerte con tu familia, porque quizás algún mando intermedio no prestó mucha atención a eso del peligro que entrañan los agentes contaminantes, aunque a quién le importa la salud pública cuando el gobierno ha prohibido parar la producción.
Extraña la circunstancia de ser una chica joven en Cuenca y llamar a una amiga para pedirle que te acompañe a ver a tu ex novio, y concluir el día siendo sus víctimas, porque se da la paradoja de que, aunque en alguna ocasión te dijo que te quería, en realidad es un psicópata asesino que, además, cuenta con la complicidad de otros para dar rienda suelta a los instintos de siempre.
Afortunado encontrarse a salvo de las bombas de racimo, escapar de la vigilancia de los drones o pasear sin temor a pisar una mina, mientras corres esquivando el fuego cruzado entre israelíes y palestinos; o desconocer la sensación de asistir a tu propia decapitación, por cortesía del Estado islámico, en vivo y en directo.
Feliz el hecho de permitirte el lujo de observar el mundo desde una hamaca con sombrilla situadas en el borde de la piscina del hotel, con gafas de sol y la cerveza bien fría, rodeado de ingleses retostados y contentos.
Relajante sensación la del tacto con el agua, cuando introduces tu cuerpo y nadas, ajeno a los accidentes de tráfico que sufren tus semejantes en la autopista cercana.
Sorprendente el ruido de cristales rotos, seguidos de un grito a sólo unos metros. Tranquilizador que sea un anecdótico vaso de cristal en el suelo, con ausencia de sangre en la piel del niño guiri. Pero por una milésima de segundo, pensar que ya te había tocado el premio gordo en la lotería de las tragedias, por el hecho casual de estar situado en las coordenadas exactas, acordes a la secuencia espacio temporal de este universo veraniego en concreto.

Artículo publicado en la edición digital del Diario La Opinión de Tenerife el 22/08/2015
http://www.laopinion.es/opinion/2015/08/22/casualidades/624779.html

8/8/15

Dependencia global



La independencia es una aspiración que podemos considerar como el deseo legítimo de cualquier mayoría ciudadana, que decide acudir a las urnas y votar por esta opción. La voluntad popular ejerce su derecho a la autodeterminación, manifestando el sentimiento de pertenencia a un lugar concreto. La reproducción del universo costumbrista conforma el hecho cultural, otorgándole un carácter específico. El relato nacionalista emplea esa amalgama de emociones para crear símbolos –banderas, himnos y otras manifestaciones del patriotismo–, justificados en la exaltación de un pasado lleno de teóricas luchas por establecer los límites de lo que atañe a la defensa del estado propio, institucionalizando las tradiciones y la lengua. Así, queda bien delimitada la línea divisoria entre el interior de un pueblo y su exterior. La frontera física establece la diferencia, generando una barrera psicológica que apela al instinto de protección. El desarrollo posterior de este razonamiento excluyente es la imposición de la xenofobia, que ensalza las virtudes históricas y advierte sobre las amenazas foráneas. El separatismo se retroalimenta, generando desconfianza a ambos lados de una valla construida con materiales cuya solidez termina revelándose tan necesaria como ficticia.
Lo cierto es que el actual proceso de globalización está cambiando el tablero geopolítico. La dinámica clásica de los grandes bloques evoluciona hacia acuerdos comerciales –entre países o continentes– que suprimen las regulaciones de los estados, bajo la presión de las multinacionales, con el objetivo de seguir resultando competitivos, ante un mercado laboral centrifugado por una profunda transformación tecnológica. En este contexto, insistir en el concepto de lo autóctono, de lo especial y único, es un ejercicio válido como atractivo turístico, pero pretender declararse una entidad aislada de la operativa de los mercados financieros, o desafiar a las instituciones comunitarias y supra nacionales, que ejercen el dominio sobre el rumbo de las políticas de los países miembros, supone estar ciegos o aparentarlo.
Detrás de la resistencia al nuevo mundo global –antagónico al viejo en el que prevalecía la soberanía local–, está la incuestionable pérdida de control sobre todo aquello que creíamos ser. La idea de retroceder y partir la tarta europea en pedazos orgullosos de sí mismos, no es compatible con el compromiso intelectual y político que nos ha proporcionado las mayores cuotas de convivencia pacífica.
Tendremos que dejar de preguntarnos qué puede hacer por nosotros el sistema capitalista neoliberal –en forma de nazismo económico si se quiere–, para comenzar a cuestionarnos qué podemos hacer nosotros para mejorarlo, en el marco de una revolución democrática, que esté a la altura de las circunstancias. Encerrarnos en nuestra torre de marfil no nos va a solucionar nada. Tal obviedad es la que deberían asumir esos servidores públicos, que andan proclamando el amor a su tierra y a los suyos, cada vez que prometen el advenimiento de la felicidad catalana, griega o española.

Artículo publicado en la edición digital del Diario La Opinión de Tenerife, el 08/08/2015
http://www.laopinion.es/opinion/2015/08/08/dependencia-global/622350.html


8/7/15

OXI


El referéndum es un instrumento democrático y los griegos han ejercido su derecho a opinar. Es curioso que este no rotundo expresado en las urnas, sirva para fortalecer la idea de Europa, una Europa muy diferente a la actual. Ya no se trata sólo de volver a insistir en el choque entre la cultura mediterránea y la ortodoxia germana. Este antagonismo se hace patente desde el momento en que al norte se le ocurre montar un club e invita al sur a hacerse socio, a cambio de firmar una unión económica con una moneda común. Una pretendida igualación, que no se corresponde con realidades sociológicas tan diferentes.
Comenzaron inventando el euro, sin profundizar en el desarrollo de una armonización fiscal y sin aprovechar la capacidad de la política para crear espacios de construcción ideológica. Y ahí esta el origen del problema. Los burócratas que trabajan al servicio de las instituciones -antes Troika- el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, aplicando las recetas del neoliberalismo, no conectan con los ciudadanos que se ven afectados por sus decisiones. No hay diálogo con la gente. Solo reuniones al más alto nivel, discusiones sobre aspectos técnicos, amenazas e intentos de manipulación. Quieren que sigamos aumentando los recortes para que podamos pagar la gigantesca deuda que ha contraído, principalmente, el sector financiero, cuando se ha demostrado que esto supone una terrible contradicción. Sin políticas para impulsar el crecimiento, no hay forma de generar las condiciones necesarias que permitan afrontar los pagos exigidos.
La voracidad de los mercados es ilimitada. Se puede especular con la soberanía de un país en una pantalla, al mismo tiempo que en otras pantallas fluctúan valores de todo tipo, desde materias primas hasta una multinacional de comida rápida. Debajo de esta operación a gran escala llamada crisis, está el juego macabro del impuesto sobre la barra de pan y el litro de leche que necesita una familia con todos sus miembros en paro, está el temor de los jubilados que han trabajado toda su vida, está el contrato basura que firma cualquier joven con formación universitaria, están las dificultades para sobrevivir de las pequeñas empresas, están los desahucios, los suicidios. Está el factor humano.
Grecia necesita reformas, pero cuando llaman vagos a los griegos, me pregunto si los verdaderos holgazanes no serán los que los acusan, que deberían ponerse a trabajar a fondo en buscar soluciones para salvar a las personas, en vez de seguir insistiendo en mantener vivo un sistema que no convence porque se ha vuelto ajeno, insensible a las necesidades de la mayoría de la población. 
En la España de la recuperación rajoyana, aumenta la desigualdad, la exclusión social ya es estructural y la pobreza sistémica. Hemos cumplido con los deberes, y todavía no es suficiente.
Pues miren ustedes, va a ser que no. OXI.

Artículo publicado en el Diario La Opinión de Tenerife, el 08/07/2015
http://www.laopinion.es/opinion/2015/07/08/oxi/616675.html

25/6/15

A la izquierda de Madrid

Una mujer sucia está tirada en la acera y, a pocos metros, el último modelo de Porsche aparcado por fuera de un lujoso hotel. Una desafortunada situación, aunque lo único que se escucha es el exasperado ruido condenatorio sobre ciertos tuits irreverentes. La desigualdad y la vileza son buenas amigas y no conocen fronteras.

Cientos de paseantes llenan la Feria del Libro, animando la fiesta de la supervivencia cultural. Los barquitos del Retiro hunden sus remos en la placidez de otra soleada tarde. Llegan aires de cambio, pero Madrid no cambiará de aires. La primavera suda un trasiego constante de bares en ebullición. Día y noche se dan la mano, cumpliendo un viejo rito iniciático, en la ciudad que nunca cierra.

“Y llegó ella…y la ciudad dio un vuelco.”
Movimiento de Liberación Gráfica de Madrid
Los veteranos ojos de Manuela Carmena recuerdan a los de Tierno Galván, maestro y cómplice de la movida y de las flores. La esperanza, siempre latente, ya no se apellida Aguirre, ni se pierde, sola, entre la alta sociedad. Ha bajado a la calle y espera en cualquier esquina a que un taxista sabio la recoja, para llevarla de vuelta al lugar al que siempre perteneció, junto a Sol.

El compás del taconeo en el metro se cuela por los respiraderos y asciende a la superficie, escondido tras un grupo de turistas extasiados. Malasaña explota de tiendas y en los mercados, la tentación se hace carne, sangría y papas bravas. Los músicos callejeros pululan por las terrazas repletas  cuando llega la madrugada, lamen sus heridas a la luz de la luna, maullando su eterno lamento de gatos bohemios.

El pueblo que se hizo grande uniendo trozos de todos los pueblos, mestizo y tradicional, vanguardista y señero. El icono urbano de una transformación posible. Bajo este cielo atronador, mandarán a sacar algunos cadáveres exquisitos de sus museos, los vestirán con una traje de domingo y los dejarán a cara descubierta, para que la dignidad les grite su vergüenza. Y después, que dejen paso a la alegría.



Artículo publicado en la edición impresa del Diario La Opinión de Tenerife el 25/06/2015

4/6/15

Crisis líquida



La realidad adquiere una nueva dimensión en este tiempo líquido. Un ejemplo extremo es la actitud grotesca de Esperanza Aguirre, a la que no parece importarle arrojarse a la humillación pública, con tal de seguir aparentando ser la lideresa de algo. La estrategia de ayer se enjuaga con la de hoy y, si persiste la mancha, podrá blanquearse mañana.

En un escenario fragmentado, los pactos entre fuerzas que presumían de representar la diferencia, son como el agua limpia mezclada con la turbia, corriendo por las cañerías del poder, hasta alcanzar las sedientas tragaderas ciudadanas. El acuerdo que se está fraguando ahora, tal vez se disuelva pronto, dando lugar a otra situación distinta, aunque similar a la del principio. Lo más importante es que el siguiente relato parezca atractivo, siempre después de consumir un spot publicitario, con el penúltimo modelo de felicidad transitoria.

Las voces agoreras que anuncian apocalípticas inestabilidades, no han reparado en que la incertidumbre será la constante y que las relaciones duraderas han pasado a la historia. Ahora se llevan los encuentros casuales, sin compromiso. No existen elementos con la suficiente solidez como para plantearse proyectos a largo plazo. En la medida en que aumentamos el volumen de conversaciones a través del whatsapp, vamos generando eventos con un alto grado de inmediatez y por tanto, de absoluta provisionalidad.

El mundo de la modernidad líquida, que el sociólogo Zigmut Barman pronosticó a finales de los noventa, se manifiesta  en todos los sectores de nuestra sociedad. La identidad –también en los términos políticos– se vuelve escurridiza y voluble. La globalización provoca pérdida del sentido de pertenencia, lo que nos conduce a comportarnos como individualidades interdependientes, que fluyen en las múltiples decisiones que afectan a la comunidad.

Esta transformación social abre un nuevo horizonte de posibilidades en el ejercicio de la acción política y económica, porque las organizaciones jerárquicas pierden vigencia en beneficio de formas de participación mucho más versátiles, con instrumentos democráticos de poder colectivo, proporcionados por las nuevas tecnologías.

Podríamos encontrarnos a lo largo de una larguísima legislatura, con varios gobiernos igual de legítimos, compuestos por personas diferentes en cada caso, sin que ello suponga necesariamente entrar en períodos de crisis. Quizás, esta palabra de connotaciones tan negativas, sea la solución lógica en una etapa de aceleración. La crisis muta, reaccionando ante idénticas mutaciones en el entorno, revelándose motor y clave de la evolución humana.

Artículo publicado en la edición impresa del Diario La Opinión de Tenerife, el 04/06/2015